sábado, 4 de junio de 2011

Chávez sin aliados.

Manuel Felipe Sierra

CHAVEZ
SIN ALIADOS

El presidente Chávez tomó la sartén por el mango. No solo asumió la jefatura del MVR con amplísimos poderes, sino que puso en evidencia su decisión de endurecer el proceso bolivariano. De su discurso del pasado jueves, durante la juramentación de la nueva dirigencia emeverrista se deduce su propósito de marcar distancias con dos de sus más importantes aliados: Alfredo Peña y el MAS.

Peña acompañó a Chávez en un momento importante del proceso cuando su gobierno se iniciaba en medio de grandes reservas y sospechas en relación a sus intenciones auténticamente democráticas. Fue ministro de la Secretaría y un factor importante en la victoria de la mayoría chavista en la Asamblea Nacional Constituyente de 1999. Electo con una sustancial votación como el primer Alcalde Metropolitano comenzó a perfilarse como una opción política ante el vacío dejado por los partidos tradicionales.


Era lógico entonces que se hablara del proyecto político de Peña en función de futuros procesos electorales. El plan que encarnaría el Alcalde provocó resistencias y aprensiones en la dirigencia del MVR. Desde entonces su gestión ha debido enfrentar numerosos tropiezos con los concejales oficialistas y se ha visto sometida al estrangulamiento financiero. Peña levantó como bandera fundamental de su gestión la lucha contra la delincuencia. Una promesa nada fácil de cumplir, dadas las características de la violencia delictiva que azota al área metropolitana. La contratación del experto americano William Bratton ha significado un aporte en la modernización de la lucha contra el hampa, aunque no se puedan esperar milagros en esta materia. No obstante, Peña mantiene una alta popularidad.

Era explicable que se produjera el deslinde entre Chávez y el Alcalde. De ahora en adelante, Peña deberá enfrentar en su rol de "Frijolito III" (los anteriores fueron Salas Römer y Arias Cárdenas) lo que el Presidente definió en lenguaje beisbolístico "coger palo y palo".

Lo ocurrido con el MAS estaba más que anunciado. Bastante tardó la dirigencia masista en darse cuenta que nunca fue un aliado confiable para Chávez y que, por el contrario, desde hace tiempo hacía todo lo posible para provocar el rompimiento.

EL ASESINATO
DE "LA CACICA"

El brutal crimen de Consuelo Araújonoguera ejecutado por la guerrilla colombiana no pudo ocurrir en un momento más crítico en la guerra que vive ese país. Las explicaciones que ahora puedan dar los voceros de las FARC carecen de sentido. La muerte de "La Cacica” tiene un significado simbólico. No es la primera ni será la última muerte en un país donde la sangre inocente se ha constituido en un rito macabro.

Se trata en este caso de lo que representa la desaparición de una mujer que no sólo ejerció el ministerio de Cultura, esposa del Procurador General, Edgardo Maya Villazón, sino que fue por sobre todo el hada madrina del vallenato, la expresión menos contaminada y más cierta del folclor colombiano.

El conflicto armado de Colombia ya no tiene salidas. Las esperanzas de paz que llevaron -en un acto de conmovedora utopía- al presidente Pastrana a una apuesta de reconciliación con los grupos armados cediendo espacios y responsabilidades de gobierno a las guerrillas no pasaron de ser una simple confesión de buena fe. ¿Y es que acaso en un país que se desangra inútilmente no vale la pena un último esfuerzo por la cordura y la sensatez?. Pero las realidades políticas y la implantación de una cultura de la violencia -expresada en todas las formas de que ella es posible- están por encima de formulaciones, deseos e incluso de oraciones tardías.

Colombia es un país metido en el laberinto de la violencia. Como en las civilizaciones antiguas la guerra parece ser la única forma posible para la expiación de pecados inéditos. En ese país se ejercita la violencia más allá de toda consideración racional. En un mundo donde el fanatismo, el racismo y la confrontación demencial parecen ganar terreno, el drama de Colombia se hace cada vez más dramático e inevitable.

Lo ocurrido la semana pasada con la muerte de Consuelo Araújonoguera revela el fracaso del empeño pacifista de Pastrana y es una respuesta a la nueva ofensiva de las fuerzas militares repotenciadas por el Plan Colombia y la reacción de un movimiento guerrillero que acorralado subirá los decibeles de su acción criminal.

Richard Boucher, vocero del Departamento de Estado no establece diferencias entre el atroz final de "La Cacica" y las operaciones genocidas de Osama Bin Laden. El senador demócrata Bob Graham tampoco distingue entre las prácticas de las FARC y los crímenes teledirigidos de Al-Qaida. Colombia entra, como era previsible, pese a las idílicas intenciones de Pastrana, en los espacios de un conflicto cuyo desenlace no es posible calibrar. Por lo pronto sobre la tumba de "La Cacica" en  Valledupar, el acordeón guarda silencio.


PERIODISTAS
UNÍOS

El presidente Chávez ya tiene la clara decisión de enfrentar a los medios de comunicación. No se trata de las críticas a los periodistas y a los editores, sino de acometer acciones brutales (la amenaza a Globovisión) que supongan incluso la revocatoria de concesiones a los medios radioeléctricos. Un cuadro más que preocupante porque abriría el camino a un régimen de naturaleza autoritaria y antidemocrática. Un nuevo reto para los periodistas venezolanos.

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