sábado, 4 de junio de 2011

LA NOCHE DEL CHACAL

Manuel Felipe Sierra

LA NOCHE
DEL CHACAL

Aquella mañana parisina del 27 de junio de 1975 nadie podía imaginarse que el compatriota introvertido y de rostro poco expresivo, llamado por sus amigos simplemente Carlos se iba a convertir en pocas horas en el hombre más buscado por la policía francesa. Esa noche Carlos Ilich Ramírez -de  solera comunista tachirense- asesinó a dos agentes policiales y a un supuesto confidente en la calle Toulliers y asumió desde entonces para siempre el universal apodo de “El Chacal”.

Su historia –que ya pertenece a las leyendas contemporáneas- se asoció a partir de aquel momento a una serie de acciones terroristas que culminaron con su detención por la policía francesa en l994 en Sudán. La vida de Carlos se emparenta con la de muchos militantes revolucionarios que en los años sesenta asumieron el compromiso de la lucha armada de manera irreversible, y alguno de ellos como él, como una forma de vida.


En aquel momento podían establecerse  paralelos entre la lucha armada y el terrorismo. Muchas de las operaciones que en los países latinoamericanos se reivindicaban en función de las luchas de liberación nacional no eran otra cosa que actos del más puro terrorismo. ¿No fue la matanza de El Encanto en Venezuela una acción dirigida por militantes revolucionarios -hoy incorporados a la vida civil- un abominable asesinato que marcó el descrédito de la insurrección armada contra el gobierno de Betancourt?

No era fácil establecer un deslinde preciso entre los excesos de la lucha armada, de los cuales también participaron de manera sistemática las fuerzas policiales y militares. No todas fueron operaciones revolucionarias alimentadas puramente por razones ideológicas. Las circunstancias que rodearon el secuestro, la detención y la horrible muerte del dirigente comunista Alberto Lovera (caso investigado y develado por la paciencia del entonces diputado José Vicente Rangel) es uno de los hechos más aberrantes de las luchas políticas venezolanas.

Los largos enfrentamientos armados en Centroamérica; las monstruosidades de Sendero Luminoso en Perú y la irracionalidad de las guerrillas colombianas se vinculan de alguna manera con métodos de terror que aplicaron combatientes asiáticos y africanos asumiendo características genocidas. Todo se valía en la impunidad de esas guerras.

Pero el declive de las luchas de liberación nacional después del resquebrajamiento de la relación bipolar Washington – Moscú; y la afirmación mayoritaria de los gobiernos democráticos en el mundo, permiten establecer ahora una clara e inconfundible diferencia entre la acción revolucionaria y el terrorismo. La imposibilidad cada vez mayor de conflictos convencionales  ha derivado por diversas razones en las acciones individualistas y  suicidas que resultan mucho más fáciles y eficaces de acometer, si bien no reportan resultados políticos. El terrorismo no gana ninguna guerra,  pero crea dislocamiento psicológico y desata el pánico y el miedo en las sociedades.

El Carlos cauteloso y de pocas palabras que confraternizaba con los  estudiantes venezolanos en los cafés del barrio Latino fue hasta la noche del 27 de junio de 1975 un militante revolucionario, un activista de las causas por la liberación de los países sojuzgados por el colonialismo y las injusticias económicas. Eran tiempos de rebeldía y también de reflexión. El núcleo del MAS de  París que acogió en su seno a Carlos repensaba los términos del socialismo. Meses antes Portugal celebraba el encuentro con la democracia. Era previsible el pronto final de la pesadilla franquista. Santiago Carrillo, Enrico Berlinguer y Georges Marchais estimulaban un marxismo con rostro humano rescatando la libertad como un valor absoluto y un derecho inalienable de la Humanidad. Ahora Carlos no es un revolucionario, Carlos  es un terrorista. Y la guerra es precisamente contra el terrorismo.

LOS TALIBANES DUROS

Después de más de 20 días de ataques de la aviación norteamericana sobre Kabul, la guerra no parece tener resultados tangibles capaces de persuadir a la opinión de Estados Unidos que clama por represalias después de los actos terroristas del 11 de septiembre. Y la situación parece que no tiende a cambiar, hay dos hechos significativos, el secretario de Estado Colin Powell admite que solo a mediados de noviembre pudieran contabilizarse logros en el conflicto bélico. El secretario de la Defensa Ronald Rumsfeld consignó una advertencia mucho más grave en el sentido de que no sería fácil la captura de Bin Laden porque se trata “de buscar una aguja en un pajar”. Que alternativa se le plantea a la ofensiva militar de Washington. Cada día cobra más pertinencia la tesis de que Estados Unidos  acentuará su presencia militar en Colombia dado que los grupos guerrilleros y las autodefensas son los objetivos más visibles para una guerra convencional contra el terrorismo.

LA DERROTA ANUNCIADA

Hoy posiblemente se conozcan los resultados finales de las elecciones sindicales para elegir al presidente de la CTV. Todo indica de acuerdo a los resultados de la consulta para las federaciones regionales que Carlos Ortega tiene asegurada la presidencia de la central obrera. Ellos suponen una clara derrota para Aristóbulo Istúriz pero sobre todo para el presidente Chávez quien sin necesidad alguna hizo suya una batalla confinada al movimiento obrero organizado que le ha sido tradicionalmente adverso.

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