sábado, 11 de junio de 2011

EL DAÑO ESTA HECHO

LA SEMANA EN TRES ACTOS


28/02/2002

Manuel Felipe Sierra



EL DAÑO ESTA
HECHO

La rebelión de los altos ejecutivos, gerentes medios y trabajadores de PDVSA es un hecho cuyas consecuencias resultan todavía impredecibles.  En este caso no se trata de una típica protesta en el seno de una empresa o el anuncio de graves conflictos laborales.  PDVSA no es sólo la empresa más grande de América Latina sino la generadora del principal ingreso fiscal del país.  Debe ser muy grave la situación de la estatal petrolera (para su ex presidente Guaicaipuro Lameda es “inviable” en la situación actual) para que se pongan de acuerdo la casi totalidad de quienes laboran en ella en cuestionar su excesiva politización y sus riesgos gerenciales.


Por supuesto, que no es nuevo el interés del presidente Chávez en convertir a PDVSA en un simple instrumento de su política energética.  Pero en esencia no tendría porque ser así.  PDVSA por un accidente, es propiedad del Estado pero obedece a las reglas del mercado y su sobrevivencia esta sujeta a la más pura y salvaje  competencia.  Una cosa es la política petrolera que se expresa a través de la OPEP, los acuerdos bilaterales y los convenios entre paises; y otra las responsabilidades propias de la empresa.  El Estado busca, como es lógico, incrementar sus ingresos mediante el régimen de regalías y los impuestos.  PDVSA, en cambio, procura obtener cada vez mayores ganancias como enseña la economía más elemental. 

Si no se entiende esta contradicción – que bien administrada sería saludable y hasta conveniente para el país – se corre el riesgo de sobreponer PDVSA al ministerio de Energía y Minas como ocurrió en el gobierno pasado o en este caso  de convertirla en una simbólica caja de resonancia del MEN.  Pero más allá de un debate conceptual sobre el caos estructural que enfrentará la nueva directiva, está la moral de trabajo y el espíritu de sacrificio de sus directivos y trabajadores.  ¿Es posible el éxito de un equipo que ha sido descalificado por quienes tienen la responsabilidad de la gestión diaria de la industria?. ¿Es tan fácil reemplazar a un ingeniero de refinación o un gerente de mercadeo con décadas de servicio al igual que un  portero de una pequeña industria?.  ¿Qué incidencia tiene en los costos de la empresa un proceso de reestructuración – que a estas alturas parece heroico – cuando ya el ente conoce severas  dificultades financieras?. ¿Cúal es la imagen de PDVSA frente a sus clientes y competidores en el mercado mundial?. 

El drama de PDVSA no es aislado.  Otro ejemplo, sin las implicaciones noticiosas del tema petrolero, se refiere a la política exterior.  La Casa Amarilla ahora es conocida como el “cuartel amarillo”.  Naturalmente los funcionarios diplomáticos son políticos y tienen compromisos partidistas.  Su propio oficio los obliga a ello.  Pero el servicio exterior también tiene un alto componente de especialización.  Existen experticias, exigencias y normas que rigen la actividad de los diplomáticos en todas partes del mundo.

¿Es acaso posible – sin que ello ocasione un daño a la eficacia de uno de los factores claves de la gestión de gobierno - sustituir a un funcionario avalado por sus estudios y credenciales en el manejo de las relaciones internacionales por un activista cuya especialidad es la agitación o por un oficial que fue preparado para otros menesteres, absolutamente contrarios al manejo prudente de los conflictos que señala la diplomacia?.

Las marchas y contramarchas, el ritmo de las cacerolas, las operaciones mediáticas, el discurso inagotable de Chávez, la discusión estéril sobre una salida constitucional a la crisis de gobernabilidad que asfixia al país, han relegado a un segundo plano los alcances de la penosa situación que viven quienes laboran en la industria petrolera o en los niveles del ministerio que instrumenta la política internacional; y se podría decir, sin exagerar, en toda la administración pública .  El hecho cierto es que salga o no salga el mandatario de Miraflores el daño está hecho y la tarea no será otra que reconstruir a Venezuela sobre la base de sus dolorosas ruinas.

        

USÓN Y LAS REGIONES


El nombramiento del nuevo ministro de Finanzas, general Francisco Usón resultó desconcertante.  Se suponía que despúes de las medidas anunciadas hace dos semanas, y la solicitud de renuncia del gabinete económico hecha incluso por dirigentes del MVR, se impondría un cambio de estrategia para enfrentar la crisis fiscal y dinamizar el aparato productivo.  Esa era la espectativa de Fedecámaras y de los análistas y especialistas de los más diversos gremios. Y más importante aún de los mercados internacionales.

Pero el presidente Chávez insistió en su línea de “endurecer” el proceso bolivariano con el nombramiento de un militar activo – quien al margen de sus méritos personales - poco dice a los agentes económicos nacionales y extranjeros.  Pero es más, Usón demostró al frente de la Oficina Nacional de Presupuesto que privilegia la ortodoxia contable antes que la valoración política de las situaciones.   Lo cual supone de él una gestión poco flexible.  Además tiene un manifiesto rechazo a la manera cómo se administran los recursos a nivel de gobernaciones y alcaldías.  El nuevo ministro sostiene, por ejemplo, que estas instancias deberían reintegrar dinero al Fisco y se opuso a las exigencias de las autoridades regionales y locales en función de un incremento de sus ingresos por la vía del poder central.

El presidente Chávez sabe que la gestión de Usón tendrá que ser enfrentada por los mandatarios regionales y locales, ahora colocados en una abierta posición de desventaja frente al Ejecutivo.  Pero esa es, precisamente, la política del gobierno: la confrontación.


VENEZOLANOS
DE PRIMERA

El Jefe del Estado puso en marcha su anunciado plan especial de asistencia a los niveles altos y medios de la Fuerza Armada Nacional, mediante financiamientos del Banco Industrial de Venezuela.  El programa supone una inversión de 200 mil millones de bolívares para este año.  En un acto celebrado en Fuerte Tiuna hizo entrega de 5 mil millones de bolívares a los primeros oficiales beneficiados por el plan que contempla financiamiento hasta 100 millones de bolívares para la adquisición de viviendas a una tasa fija de 12% de intereses durante veinte años;  20 millones para automoviles y la conceción de tarjetas de créditos que pagarán intereses fijos en el orden del 16 por ciento.

Nadie se opone a que los militares sean atendidos por el Estado al cual sirven y en función del cual laboran.  Al igual que otros funcionarios civiles que merecen también facilidades para resolver sus urgencias familiares.  Pero el tratamiento privilegiado que se otorga a la oficialidad a través de BIV (entidad cuya solvencia financiera está cuestionada) tiene otras connotaciones: se produce en momentos en que es evidente el descontento en las filas castrenses (¿con ello se pretende en el mejor de los casos comprometer lealtades?); y se anuncia, además, cuando la clase media está atenazada por las altas tasas de interéses para el sector inmobiliario y para el consumo.  Este tipo de iniciativa resultan no sólo discriminatoria sino que a la larga odiosas, sobre todo cuando los venezolanos enfrentan una grave crisis que hasta ahora no ofrece alternativas alentadoras.      

       

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