sábado, 4 de junio de 2011

EL POLVORIN SOCIAL

El paro del Metro durante todo el día jueves 19, que convirtió a Caracas en un verdadero infierno, deja una clara señal sobre los niveles de conflictividad social que vive el país. Por primera vez el sistema de transporte subterráneo se paraliza de manera total. Desde los operarios hasta el personal de limpieza. La “operación morrocoy” en demanda de un bono especial de dos millones de bolívares para cada trabajador estaba planteada desde hace varios meses.

Los directivos de la empresa  venían posponiendo la cancelación de un  pago que obedecía a un compromiso contraído entre las partes. Seguramente, las autoridades del Metro nunca pensaron que podría presentarse una situación semejante. Los paros en el sistema suelen ser parciales y en buena medida, de los operarios. En esta situación funcionaría  sin inconvenientes el Plan de Contingencia que tiene diseñado desde hace varios años la Fuerza Armada Nacional.


Pero lo ocurrido el jueves no sólo fue una sorpresa para el gobierno y los usuarios, sino para quienes venían negociando en representación de la empresa con las organizaciones sindicales. El paro fue más que exitoso. Nada se movió durante 24 horas en ninguna estación. Si el Consejo de Ministros no envía, en horas de la noche a los ministros Eliézer Hurtado Soucre (Infraestructura), Blancanieve Portocarrero (Trabajo) y José Rojas (Finanzas), a dialogar con los trabajadores reunidos en asamblea general en el patio de talleres en  Propatria, la situación se hubiera prolongado durante el día siguiente.

¿Cuáles son las derivaciones de esta acción? ¿Cundirá el ejemplo de los trabajadores del Metro en otras empresas y organismos sometidos a la presión de sus empleados y trabajadores?. La primera lección es que el paro se produjo por una decisión unánime de los trabajadores, por encima de líneas e intereses partidistas. El sindicato más importante de la empresa recibe la influencia de la CTV, pero la organización más activa en las operaciones previas y en el llamado al paro es controlada por el MVR. Es decir, no puede “politizarse” una protesta que fue inducida, ciertamente, por las bases y no por las cúpulas dirigentes. Ello revela el creciente clima de conflictividad que se vive en los sectores obreros y en las capas populares ante los efectos persistentes de la recesión económica. La reciente huelga de los obreros de la Petroquímica de El Tablazo –que se prolongó más allá de lo que sus propios dirigentes habían pronosticado- fue otro indicador del malestar y la insatisfacción que se vive en sectores mayoritarios del país.

La crisis social –más allá de sus explicaciones estructurales- está enlazada, sin embargo, con la impresión generalizada de que la ineficiencia y la torpeza administrativa del gobierno está colocando al país al borde del abismo. El paro del Metro cristaliza finalmente, porque los trabajadores se sienten burlados y engañados por las promesas y los convenios incumplidos. La manifiesta negligencia de la estructura burocrática añade un nuevo elemento de combustión a las presiones y reclamos de los trabajadores. ¿Hasta dónde el paro del Metro no tiene un “efecto demostración” para otras organizaciones sindicales que se encuentran en situaciones similares? ¿Se ha dado cuenta el gobierno que la conflictividad laboral no es obra de perversos planes políticos sino una realidad apremiante que obliga a los  venezolanos a buscar salidas inmediatas, sin importarle su costo? El país cada día se parece más a un polvorín a punto de explotar.


DE DERROTA EN DERROTA

Esta semana Fedecámaras en su Asamblea Anual (Maturín) elegirá nuevo presidente y directorio. Dos candidatos se disputan la máxima posición del organismo empresarial. Pedro Carmona Estanga y Alberto Cudemus. El primero (con segura opción de victoria) es un ejecutivo ampliamente conocido y especializado en el tema de la integración regional. Viene de una larga militancia en las organizaciones gremiales. Su contendor es un empresario de la Provincia (sector de la cría porcina) y aspira a producir un cambio en las políticas de la institución. Es el líder de una corriente renovadora afecta al proyecto chavista. En el universo empresarial esta circunstancia ha planteado la elección como si se tratase de una confrontación entre empresarios institucionales y los partidarios del gobierno.

Si bien el universo de la elección (menos de trescientos delegados) no es susceptible de una acción decisiva del gobierno, Cudemus ha hecho todo lo posible durante la campaña electoral para vincular su nombre al del presidente Chávez, de tal manera que su derrota podría interpretarse –aunque el análisis no sea del todo correcto- a un revés oficial.

En el ámbito sindical la situación no es distinta para el gobierno. Si se  cumple el cronograma previsto para la CTV y el CNE, está demasiado claro que la plancha encabezada por el dirigente sindical petrolero Carlos Ortega obtendrá una clara mayoría en la integración de las instancias directivas a nivel nacional. El activo sindical chavista no ha decidido aun si se cuenta en estas elecciones. Hasta ahora se discuten dos propuestas: la constitución de una nueva central y la posibilidad de una alianza con el Nuevo Sindicalismo (Causa R) que permitiría la creación de un polo con algunas posibilidades de victoria, pero con un inconveniente político: el chavismo tendría que sacrificar a Nicolás Maduro endosando la candidatura de Alfredo Ramos. En ambos casos, la Fuerza Bolivariana de Trabajadores demostraría su debilidad entre los trabajadores organizados.

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