Manuel Felipe Sierra
El gobierno venezolano, -aunque para algunos analistas de manera tardía- condenó categóricamente los actos terroristas en Nueva York y Washington que ahora ponen al mundo al borde un nuevo episodio bélico. El presidente Chávez en una cadena televisiva se extendió en consideraciones sobre la naturaleza criminal de estos hechos y ofreció la más amplia colaboración del país en caso de ser ésta requerida. El ministro de la Defensa, José Vicente Rangel asumió enfáticamente que “Venezuela está alineada con Estados Unidos” y el canciller Luis Alfonso Dávila declaró en la misma dirección.
Es evidente que el rechazo al terrorismo se inscribe entre las más claras definiciones de la política exterior de este tiempo. El recrudecimiento de los conflictos raciales y religiosos, agravados después del cese de la Guerra Fría, ha implicado el uso de métodos terroristas en sustitución de los recursos armados tradicionales, incluso en los países desarrollados. De tal manera que no sólo los países directamente afectados por estos conflictos están en la obligación de adoptar medidas preventivas y represivas frente a la acción de las minorías terroristas sino también aquellas naciones que pueden ser utilizadas como refugios o retaguardia de éstas.
No obstante, no tendría por que considerarse la actitud del gobierno venezolano como un cambio en su orientación crítica frente a ciertos ángulos de la política norteamericana. La condena al terrorismo está por encima de diferencias o la contraposición de ópticas sobre los problemas cardinales en el ámbito internacional. No es por casualidad que ningún gobierno si siquiera el de Yasser Arafat en Palestina enfrentado al serio conflicto con Israel -en relación a cuyas tendencias radicales se encaminaron las primeras sospechas sobre los hechos- vaciló en rechazar al instante los atentados.
Las consecuencias de la acción suicida sobre las Torres Gemelas y el Pentágono es ahora cuando comienzan a valorarse. Inicialmente, como era lógico, el mundo entero se sumió en el desconcierto y el estupor. Es indudable que la presión de la población estadounidense que en un 90 por ciento reclama respuestas enérgicas, obligará a la administración de Bush a endurecer sus políticas frente a los gobiernos que considera sus “enemigos estratégicos”. En América Latina ello podría traducirse en una posposición de las gestiones para levantar el embargo económico a Cuba y en un reforzamiento de la fase militar del Plan Colombia que ya ha sido puesto en ejecución contra la guerrilla. En la práctica en relación con Cuba no habría que esperar nuevos desarrollos. La agudización de la guerra en Colombia, si tendrá necesariamente repercusiones en Venezuela, no solo políticas y potencialmente militares sino económicas y particularmente sociales en los estados fronterizos.
¿RESUCITA AD?
El jueves 13 Acción Democrática celebró los 60 años de su fundación. El hecho mereció un reconocimiento de la mayoría chavista en la Asamblea Nacional que votó una salutación a los aportes de este partido a favor de la democracia venezolana. Y es que resultaría en extremo mezquino negar la influencia que ha tenido el partido construido por Rómulo Betancourt en las últimas décadas de la historia venezolana.
La fecha fue oportuna para replantear la interrogante sobre el futuro del “partido del pueblo”. Sus dirigentes hacen esfuerzos por el relanzamiento de la organización, mediante un llamado a los militantes que abandonaron en ocasiones anteriores la militancia adeca a que regresen sobre la base de que se abre un periodo de renovación conceptual y organizativo. Sin embargo, ello no será fácil. No es un simple asunto de cosmetología política. Acción Democrática al igual que COPEI y en menor medida los otros partidos políticos vive un proceso de severo agotamiento histórico, que tuvo su punto de inflexión en las elecciones presidenciales de 1998. Tiene sin duda la ventaja de contar con una mayor implantación social, fundamentalmente en el movimiento obrero organizado. Sin apostar a su desaparición, lo que no luce factible es que Acción Democrática vuelva a tener la gravitación decisiva que tuvo en la etapa de nacimiento y consolidación de la democracia.
SALUD DEPORTIVA
Venezuela encabezará sin dificultades el medallero de los XIV Juegos Bolivarianos de Ambato, Ecuador. La presencia deportiva del país en este escenario ha demostrado los avances y el seguro desarrollo de las más diversas disciplinas deportivas. Otra buena noticia para los venezolanos. Junto a las recientes victorias del fútbol criollo en las competencias eliminatorias para el Mundial de Fútbol del 2002 en Japón y Corea, y la extraordinaria jornada cumplida por los jugadores venezolanos en las Grandes Ligas y de los seleccionados de voleibol y basket, el comportamiento de nuestros atletas en territorio ecuatoriano es una señal convincente de que país se encamina a convertirse en una potencia deportiva en el contexto latinoamericano. Ello revela una buena salud deportiva.
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