LA SEMANA EN TRES ACTOS
Manuel Felipe Sierra
EL REINO
DE LA IMPUNIDAD
Venezuela es hoy en día un reino de la impunidad. La existencia de un Poder Ciudadano complaciente y comprometido con el proceso bolivariano y una mayoría parlamentaria que recibe instrucciones desde Miraflores, han facilitado la creación de un clima donde se violan las leyes, se cometen todo tipo de delitos sin que éstos sean castigados; y se autoriza, de hecho, el ejercicio de la violencia como método político.
La decisión de la jueza Norma Sandoval, que puso en libertad a tres indiciados por la masacre del 11 de abril y sobre los cuales el Ministerio Público formuló claras y contundentes acusaciones (justamente el jueves 11 cuando cientos de miles de venezolanos exigían justicia por las víctimas de aquellos sucesos y la renuncia del presidente Chávez), es sólo un dato, ciertamente aberrante, de la anarquía y el irrespeto sistemático a la legalidad democrática.
Varios hechos ocurridos la semana pasada ponen de relieve esta situación. En la Comisión Política de la Asamblea Nacional que investiga las causas y los culpables de los sucesos de abril, la mayoría del MVR trata de imponer un informe que constituye un atentado al sentido común. Durante varias semanas los venezolanos tuvieron oportunidad de seguir las interpelaciones televisadas de personajes claves en estos trágicos acontecimientos. En consecuencia, la opinión pública tiene un criterio y unos puntos de vista sobre quienes deberían responder por la muerte de decenas de ciudadanos inocentes.
Sin embargo, el informe que seguramente aprobará la mayoría oficialista, exonera de responsabilidad política al presidente Chávez, a sus ministros de la Defensa, Interior y Justicia, a los jefes policiales y a los promotores de los círculos bolivarianos que actuaron ante los ojos del país. Curiosamente, la culpabilidad recaería sobre Carmona Estanga, Carlos Ortega, Enríque Mendoza y los líderes de la sociedad civil que hicieron uso pacífico del derecho constitucional a manifestar.
¿Es inocente quien ordenó activar el “Plan Avila” y convocó a una cadena nacional, en el preciso instante en que comenzaron los disparos en el puente Llaguno contra los manifestantes?. ¿Cómo pueden ser inocentes los jefes de la FAN y de los cuerpos policiales que portaban armas y estaban obligados a garantizar el orden público?. ¿Acaso no existen testimonios audiovisuales que demuestran –lo confesó después de ser liberado el concejal Richard Peñalver- la acción criminal de las brigadas talibánicas del chavismo?.
La Comisión de Contraloría de la Asamblea Nacional preparó un informe en el cual se concluye estableciendo la responsabilidad del presidente Chávez, de su entonces ministro de Finanzas Nelson Merentes y de otros funcionarios en el desvío de 3.4 millardos del Fondo de Inversión para la Estabilización Macroeconómica. Se trata de recoger un hecho demasiado evidente. El propio mandatario y su ministro de Finanzas reconocieron públicamente haber autorizado el traspaso de los fondos durante una transmisión del programa “Aló Presidente”.
No obstante, la mayoría del MVR anuncia que votará en contra del informe porque según los parlamentarios oficialistas ni Chávez ni Merentes son responsables en lo que constituye un clarísimo delito de malversación. En ambos casos, se trata de burlar no sólo las leyes, sino de un irrespeto a la conciencia del país. ¿En estas circunstancias, cuando desde el gobierno se estimula, se protege y se premia el delito, no procede acaso la desobediencia civil? . De la anarquía a la guerra siempre el camino ha sido corto.
BOLIVARIANOS
EN FUGA
El lunes 15, los círculos bolivarianos se apostaron frente a la sede de la CTV. Abuchearon a los dirigentes sindicales. Profirieron amenazas. Montaron el consabido tarantín de las boinas rojas. El martes 16, muy temprano reaparecieron los militantes fanatizados del chavismo. Pero ese día ya trataron de penetrar en el interior de la sede cetevista. Al final no hubo mayores hechos que lamentar. El miércoles 17, a las 7:00 de la mañana ya estaba instalado el tarantín y comenzaban a agruparse los miembros de los círculos bolivarianos. A esa hora llegaban al edificio varios obreros de la construcción que soportaron los insultos y las agresiones verbales de los bolivarianos enfurecidos. Los trabajadores advirtieron que no aceptarían más provocaciones. Los chavistas subieron de tono y los desafiaron. En cosa de segundos se armó la trifulca. La mayoría de los bolivarianos huyeron despavoridos refugiándose en establecimientos comerciales cercanos. Algunos se quedaron y todos ellos sufrieron su respectivo nocaut fulminante. El tarantín, en cosa de minutos, estaba desecho en el suelo. La vieja historia del guapetón de barrio.
EL REGRESO
DE BOULTON
La liberación, después de dos años de cautiverio, de Richard Boulton, seguirá siendo noticia por muchos días más. No es fácil tener una versión exacta de sucesos como éstos. El propio secuestrado en su relato se mostró sorprendido, porque durante dos años pensó que era prisionero de las FARC y el día antes de su liberación, vino a saber que lo era de un grupo de las Autodefensas.
Sus familiares han caído también en contradicciones. Su hermano Alberto sostiene que nada tuvo que ver el gobierno en las gestiones que condujeron a la entrega del piloto. Su padre Henry Lord agradece en cambio el apoyo oficial que habrían recibido. Se sabe que se hizo un pago a un alto funcionario de la DIM en el mes de febrero. Nunca se sabrá si el dinero entregado por el rescate al organismo policial llegó a manos de los secuestradores.
Uno de los miembros del grupo que capturó a Boulton el 15 de julio del 2000 en su finca en Carabobo, confesó desde Colombia que habían obedecido a una operación política, y mencionó incluso al presidente Chávez, en un evidente acto de irresponsabilidad. De todas maneras, el llamado “caso Boulton” ofrece suficientes elementos para la pesquisa periodística. No obstante y por mera coincidencia, el día que se anunció la liberación de Boulton fue secuestrado en San Cristóbal el industrial Ernesto Branger y a la hora que regresaba a su domicilio se producía el plagio del comerciante José de Paulo Rodríguez en Caracas.
18/07/2002
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