sábado, 11 de junio de 2011

LA DERROTA HISTÓRICA

LA SEMANA EN TRES ACTOS

LA DERROTA HISTÓRICA

 Manuel Felipe Sierra


A Chávez se le agota el tiempo.  Dos meses atrás el madatario jamás pensó que entre la Navidad y el Carnaval se creara un clima de alta tensión y explosividad como el que ahora vive el país.  Ya la consigna (véte Chávez) cobra fuerza no sólo en las voces de las señoras acomodadas del Country Club de Caracas sino en sectores diversos, según las encuestas mayoritarios del país.  Chávez tiene pocas opciones para remontar una cuesta que lo coloca ante la trágica diyuntiva de la renuncia o una resistencia con cada vez  menores posibilidades de éxito .


Ya no sólo se trata del rechazo a un régimen de tedencia autoritaria que desvirtúa los principios medulares del sistema democrático mediante los cuales resultó electo, ni de la espantosa incapacidad administrativa para dar respuesta a las exigencias mínimas de una mediana gobernabilidad.  La situación asume otras dimensiones: ya no hay confianza posible en Chávez y en su capacidad para ejercer de manera eficiente el poder.  Chávez ha sido desgilitimado como Presidente de la República por un conjunto de hechos que se entrelazan milagrosamente entre lo político, lo social, lo económico, lo militar y lo internacional.

Frente a un cuadro clínico de estas características al paciente sólo le queda el eterno recurso de la resignación cristiana.  Mucho se le insistió a Chávez (desde la perspectiva de la teoría y el escenario no menos convincente de la experiencia) que no era posible la viabilidad de un proyecto seudorevolucionario y altamente costoso para la mayoría de la población venezolana. 

Ya no es un problema de la medición de las encuentas y menos aún del ejecicio de necias futurologias sobre quien habrá de sustituirlo sino de valorar y ponderar los riesgos de un momento singularmente crítico en la vida del país.

Chávez no tiene el apoyo de La Fuerza Armada Nacional que se desgrana cada día con nuevos pronunciamientos que solicitan la renuncia del mandatario por parte de altos oficiales de los cuatro componentes . No tiene el apoyo irrestricto de su propio partido que ha legalizado públicamente las discrepancias entre moderados y radicales. Sigue manteniendo el control de la Asamblea Nacional pero en circunstancias precarias e impredecibles.  No tiene el apoyo del movimiento obrero organizado que ahora inicia una ofensiva por el cumplimiento de convenios colectivos pospuestos o vencidos.  No tiene el apoyo de las organizaciones empresariales que no entienden unas políticas económicas inconexas y contraditorias.  Carece de la anuencia de la Iglesia Católica a la cual ha enfrentado inexplicablemente con un lenguaje insultante y desconsiderado.

Enfrenta la insurgencia - nunca vista hasta ahora - de la clase media (alta y baja) asumiendo un roll político activo que no se conocía en los años de la democracia.  Su credibilidad baja en los sectores de menores ingresos que han esperado durante tres años la satisfacción de sus demandas de justicia social y ahora contemplan un panorama de mayores penurias y dificultades con el rebrote de la inflación y una situación económica cuyas medidas para enfrentarlas tendrán un efecto directo en su ya insostenible calidad de vida. 

En el marco internacional (y más aún con el fracaso del Plan de Paz de Pastrana y las nuevas fases del conflicto bélico con las FARC, ELN y las autodefensas), el país se ha colocado en una zona de pronóstico reservado para la política de Estados Unidos y las más importantes referencias del poder mindial, lo cual, supone un aislamiento no sólo político sino con implicaciones vinculantes para la inversión  foránea.

¿Qué puede hacer Chávez frente a esta situación?. Un cambio de rumbo de tal naturaleza que admita el fracaso del proyecto bolivariano y asuma con propiedad los compromisos y riesgos del sistema democrático, ya es tardío.  Nadie lo creería y para Chávez supondría la negación de una propuesta que no sólo es política sino que representa una obseción psicológica; y transmitiría un mensaje de desaliento y frustación al sector minoritario del chavismo originario que aún lo apoya.  Persistir en una revolución que solo da vueltas en su cerebro sin que tenga la menor relación con la vida real sería un acto cuando menos suicida.  Chávez – como todo estadista en el mundo entero - debería enterder que está frente a una aplastante derrota histórica.  Y él más que nadie sabe qué hacer en estas tormentas.    


LA EMBAJADORA  ESTÁ
TRISTE

Donna Hrinak se despide de los venezolanos como embajadora de los Estados Unidos.  Vino de Bolivia a observar o mejor dicho a enfrentar el proceso bolivariano.  Se le considera una diplómatica de carrera, si bien con una eterna sonrisa, perteneciente a la línea dura de Washington.  En menos de dos años siguió la revolución  chavista; fortaleció vínculos con los medios de comunicación, con los sectores empresariales, sindicales, las expresiones de la sociedad civil y los partidos políticos.  La diplomacia norteamericana considera que ya es tiempo de su reemplazo.  Antes de abandonar el país Hrinak hizo una drámatica confesión ante los periodistas: “Vine a ver una revolución y resulta que en Venezuela no hay ninguna revolución”.  Si eso lo dice, nada más y nada menos, que la representante de Estados Unidos no hay que hacer mucho esfuerzo para suponer lo que piensa el chavista fanatizado que habita en los cerros de Caracas.



ILUSIÓN MEDIÁTICA

El gobierno seguramente hará cambios en su equipo económico.  Es posible que a la hora de leer esta nota ya se tengan nombres de nuevos funcionarios, en teoría, encargados de reordenar las consecuencias del fracaso de la gestión planificadora del ministro Jorge Giordani.  En un sistema democrático el hecho tendría una significación: la presencia de un nuevo equipo obligado a corregir los errores y las insuficiencias del pasado.  Cuando la inflación en Argentina ahogó a Menen en 1991 surgió la figura salvadora de Domingo Cavallo quien adoptó la famosa Caja de Conversión y redujo dramáticamente los indices de inflación.  Pasaron diez años y el presidente De la Rúa requirió de nuevo los servicios de este hechicero de la economía ante una coyuntura que parecia no tener salidas aparentes.  Cavallo desmontó la libre convertibilidad del peso y metió a su país en una pavorosa crisis financiera con efectos políticos también catastroficos.  Pero Cavallo hizo lo suyo.  Cuando Carlos Andrés Pérez en 1989 encontró al país al borde del colapso entregó la economía a la más brillante élite tecnocrática del IESA (Miguel Rodríguez, Móises Naím, Gustavo Rossen, Gerver Torres, etc.) para que le diseñaran un plan de ajuste que recibió el visto bueno de los organismos multilaterales.  Mal que bien, en tres años el país tuvo un crecimiento del 10% y se modernizó una anacrónica legislación económica.  Pero con Chávez la situación es distinta: Chávez es Chávez y sólo Chávez.  Los economistas y los expertos que acepten formar parte de un nuevo Gabinete Económico deben asumir que son simplemente unos “reclutas” condenados a recibir insultos y burlas y en ningún caso los atildados discípulos de Harvard y el MTI.  Esa es la diferencia.        
25/02/2002

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