jueves, 16 de junio de 2011

JOVITO VILLALBA Y LA VICTORIA

JOVITO VILLALBA
Y LA VICTORIA

( Discurso pronunciado el 30 de noviembre del 2000 en la conmemoración de los 48 años del triunfo de la unidad nacional frente a la dictadura de Pérez Jiménez).

1.

Señores

Jóvito Villalba es de los políticos venezolanos del siglo xx, un ejemplo de sacrificio, probidad y apego a los principios. El historiador o el analista político no requiere de mucho esfuerzo para encontrar en el líder margariteño,en el tribuno excepcional y en el conductor de la civilidad, una ineludible clave para interpretar los tramos dramáticos y difíciles de la historia de la democracia venezolana.

Una mañana de marzo de l958, bajo el sol despiadado del sertón coriano, ví por primera vez  a un hombre, cuyo nombre ya era familiar a mis oidos  desde la niñez, parado frente a un micrófono, repitiendo la palabra unidad, unidad del pueblo, ante un grupo de hombres y mujeres, con rostros enperanzados y que agitaban como un seguro trofeo de victoria cientos de banderas amarillas.

Jóvito acaudillaba una nueva batalla. La consolidación de las  libertades conquistadas dos meses antes . Y es que Jóvito desde la infancia, como lo retrata Gabriel García Márquez, “ tenía la cabeza llena de cucarachas democráticas ”.



2.

Su más reciente proeza civica había sido estimular y organizar la unidad nacional, mediante la creación de la Junta Patriótica, que presidia su alumno Fabricio Ojeda para derrocar la dictadura. Seis años antes su orientación política supo unir al pueblo también, en la fecha que hoy recordamos, el 30 de noviembre de 1952, frente a la pretensión  dictatorial de los militares golpistas y la incomprensión sectaria de quienes asumen los procesos democráticos como un acto de posesión excluyente.

Comenzaba una nueva etapa en la vida del orador subversivo del Panteón Nacional en 1928, del joven  que aprendió bajo el peso de los grillos  que la política es un oficio que combina la inteligencia con un compromiso testicular; el conductor de la enorme marejada humana que el 14 de febrero de 1935  le enseñó a la herencia del gomecismo,que la democracia se ejercitaba en las calles y que el poder no era privilegio de los conciliábulos cuartelarios, el político que condenó  el golpe del 18 de octubre de 1945, pero interpretó que más allá del episodio,  se le abrian al país, por primera vez en su historia,espacios generosos


3.
para la confrotación civilizada, el  líder que  declaró la guerrra sin cuartel a los golpistas del 24 del noviembe de 1948 sabiendo, ahora sí, que la acción de los sediciosos contra Gallegos se proponía el regreso a los tiempos oscuros de las tiranías.

Cuando unos meses después de la caida de Pérez Jiménez se definieron las candidaturas presidenciales para las elecciones de diciembre de 1958,una pregunta nos asaltaba a los adolescentes que procurábamos armar el engañoso rompecabeza de la política. ¿Porqué  Jóvito Villaba no era candidato presidencial?.
¿Acaso a él no le correspondía con mayor legitimidad aspirar a conducir un país que seis años antes lo había convertido en  expresión emblemática de la democracia frente al militarismo arrogante?.¿No representaba Jóvito la mejor fórmula para reconducir el país después de los seis años de la dictadura perezjimenista?. Dictadura que ahora, por obra de una calculada falsificación de la historia se trata de borrar de nuestras tragedias más humillantes. País de la desmemoria, diría José Ignacio Cabrujas . En honor al nombre y a las



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luchas de Jóvito Villalba yo debo decir hoy en este lugar,que la dictadura de Pérez Jiménez mas allá de una rutilante vitrina del cemento armado;no sólo fue negadora de los derechos humanos, responsable de crímenes inenarrables, entreguista de la riqueza petrolera  sino que con ella se inició la sofisticación y la generalización de la corrupción en los altos mandos del poder público.

En aquel momento, Jóvito prefirió retomar su vieja consigna   de la unidad nacional en torno a la candidatura de Wolfgan Larrazábal que simbolizaba la unión de civiles y militares que había hecho posible el 23 de enero. Entendía que la experiencia democrática que entonces comenzaba era demasiado endeble  – como lo comprobaron los años siguientes- y que sólo la articulación de consensos sociales y políticos, por encima de las fórmulas monopartidistas, era garantía de que las instituciones nacidas de ella, se perfeccionaran  y tuvieran viabilidad y eficacia en el tiempo.Por esa razón, Jóvito suscribe el Pacto  de Punto Fijo en 1958



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Lo estimula y lo entiende no sólo como la manera de compartir las responsabilidades públicas sino de dotar al sistema democrático de una plataforma mínima de coincidencias políticas.La historiografía de pacotilla ahora en boga, que ha hecho de la palabra “puntofijismo” una simplificación abominable, suele omitir un hecho demasiado trascendente.

 El 3 de noviembre de 1960, Villalba se dirige al país para formalizar el retiro de URD del acuerdo tripartito. . Y no lo hace por razones de regateo burocrático, sino por  cuestiones de principios. En primer lugar en apoyo a la digna actitud que meses atrás había asumido Ignacio Luis Arcaya al negarse a firmar la declaración de San José de Costa Rica que condenaba a la  Revolución Cubana y que suponÍa una violación de la soberanía de ese país, pero también en una clara discrepancia sobre la forma cómo se orientaba el gobierno de la alianza presidido por Betancourt.

En esa comparecencia Villalba fue categórico al decir: “Tengo la impresión de que el orden democrático que estamos creando se encuentra al borde de una crisis que la nación parece ya como incapaz de detener.

6.
Parece como si la nube de nuestros atavismos nos envolviera y que el tirano y el siervo que todos los venezolanos llevamos dentro del pecho se nos asomara al rostro en todas las palabras y todos los gestos. Hay como una universal conspiración en la vida de este país contra la libertad democrática con que muchos hemos soñado, que el pueblo conquistó y que la nación ha tratado de crear e instaurar a base de sacrificios sin par”.

Esa ruptura fue clave en la vida de Villalba. Buena parte de URD fue ganado- y hay que decir que Jóvito  tuvo una lúcida comprensión del fenómeno- por la emergencia de las ideas revolucionarias más extremas, inducidas por el efecto de la Revolución Cubana pero también por una creciente conflictividad social.  mucha de la cual, venía represada por el espejismo  del esplendor perezjimenista.

  Recuerdo una tarde en la casa de URD en El Paraiso cuando un grupo de jovenes pedimos hablar con Jóvito- Vlilalba , como siempre solía mirar  las fotografías de Mahatma Gandhi y Jedi Jagan colgadas en su oficina- sobre la inevitabilidad de la vía insurreccional.




7.
Villalba nos dijo con sus gestos enérgicos y rotundos que había  decidido volver al campo de batallla. Que recorrería el país hasta el más lejano confín y que presentaría su nombre como candidato a la Presidencia de la Replública,   para impedir una polarización que seguramente conduciría a  una guerra civil. Su nueva cruzada se levantaba con  la consigna de votos si, balas no”. Y se fue tierra adentro como en sus mejores tiempos, con  un megáfono en la mano y cientos de banderas amarillas en unas caravanas que remedaban la briosas movilizaciones liberales del siglo IX.

Visto a distancia, si las potencialidades que entonces tenían las fuerzas de izquierda, que encandiladas por la fortuna guerrillera de Fidel Castro, habían tomado la vía de la lucha armada y propugnaban la abstención,  se hubiesen  canalizado a través del verbo y la disposición cívica de Jóvito, a la mejor  hubiera sido otro el resultado en aquellas elecciones de 1963, que prolongaron por unos años más una equivocada , costosa y sangrienta estrategia insurreccional.
 Pero también, visto a distancia tengo que recordar ,que aquella tarde de la reunión en El Paraiso las palabras del maestro tuvieron la razón  ante la torrencial rebeldÍa de sus discípulos.


8.
Jóvito fue – y desgraciadamente esa es la faceta más conocida hoy en día de sus vida de luchador popular-  un político desconcertante… De jugadas inexplicables. De ausencias inoportunas. Luchó por el poder, lo tuvo cerca y no pudo acceder a él plenamente. Pureza en la muleta y torpeza en el estoque, diría un taurino.En un país que todavía no ha resuelto la dicotomía galleguiana  de Civilización y Barbarie el papel de Santos Luzardo no es de fácil comprensión... Pero la política ha sido es y será así. Hay políticos que sin obtener el fin último de sus luchas, se convierten en conciencia moral y en referencias históricas. Hay en cambio políticos menores que asumen el poder y lo entregan años después convertidos en personajes melancólicos y condenados al olvido. En el país hemos  tenido mandatarios ungidos por el olor de las muchedumbres que ahora son figuras espectrales y fugitivas… Ahora mismo en un país vecino un Presidente que usó y abusó del vacío institucional de su nación y que pretendió erirgirse en el líder de  la democracia autoritaria en el Continente es preso de su propia cobardía en un hotel de Tokio.




9.
Las cabriolas aparentemente oportunistas de Jóvito, sus movimientos para algunos críticos de sospechosa ortodoxia política, sus numerosos errores, se inscriben - aunque no parezca de esta manera en una lectura inicial- dentro de  una  conducta consecuente  con su forma de pensar. Cuando decidió apoyar a Herrera Campíns estaba apuntalando la opción renovadora de COPEI y lo mismo cuando respaldó a Lusinchi apostaba a  confrontar la estructura esclerosada de la vieja dirigencia adeca. Con los que sí no tuvo paz ni miseria fue con  quienes consideraba, y con más razón después de la ruptura del Pacto de Punto Fijo, sus contendores ideológicos y sus antagonistas históricos.

La politica venezolana está abrumada por la corrupción dijo Jóvito en 1995 al periodista Leopoldo Linares. Villalba ya estaba convencido que la manera de hacer política se había envilecido y que los principios eran sustituidos por un manejo excesivamente pragmático y en algunos casos hasta mercantilista en las élites dirigentes. Ya los lideres no veían  atrás la huella de los grilllos de La Rotunda, ya no les importaba la sangre


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de Ruiz Pineda ni la inocencia heroica de Chema Saher. Sus mandatos no eran decididos por las bases, en las asambleas de militantes, en el contacto con el pueblo. Una nefasta intermediación clientelar se vinculaba, con un   entramado de complicidades y de favores económicos. Muchos dirigentes políticos  eran criaturas fabricadas por el marketing, posesos de la imagen y cultores idiotizados del fuego fatuo de las encuestas.

Uno puede imaginarse la distancia moral que ya existía entre  aquellos políticos contaminados  por la corrupción que repasaban sus cuentas bancarias en el exterior y sus propiedades fácilmente obtenidas en Florida y , Jóvito Villalba, uno de los más importantes próceres civiles del siglo XX , celebrando las ocurrencias de los contertulios en las charlas vespertinas del Gran Café de Sabana Grande.

Político incomprendido, desde los años cuarenta formaban parte de su prédica temas como la elección directa de los gobernadores, los jueces de paz y la preminencia del Municipio como célula fundamental de  la sociedad. Pero  para una cultura política que había asumido el leninismo como el esquema


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organizativo de los partidos,  incluso de aquellos cuyo ideario era diamentralmente opuesto al marxismo., la visión rossveliana de la democracia que Vllalba defendió con el fuego de su palabra en el memorable discurso del Teatro Olimpia, el 26 de abril de 1945 , no era más que una utopía de soñador margariteño.

Ahora la descentralización pertenece al patrimonio de la democracia venezolana.Pero pocas voces,   han dicho que ese proceso fue estimulado cuando los tiempos no parecían propicios para ello. por la tenaz labor de Villlalba.

Una tarde  frente al reloj del edificio La Previsora ,  Jóvito advertía sobre los riesgos y los peligros de la reelección presidencial, la catalogaba como la "maldición histórica de América Latina. Se había opuesto a la figura perversa de la reelección después de diez años del final del período presidencial consagrada en la Constitución de 1961.. Decía que los países latinoamericanos, todavía  acechados por los gobiernos de fuerza no estaban aún maduros para las reelecciones.Citaba los ejemplos de



12.

Irigoyen en Argentina y López Pumarejo en
Colombia. Consideraba sabia la decisión del PRI de no contemplar la reelección, porque por ese vía se hubiese encrespado de nuevo la sangre de las facciones mexicanas. No tuvo tiempo de verlo,  pero quién duda que las dos últimas reelecciones venezolanas   fueron el tiro de gracia para un sistema político que daba muestras patéticas de envejecimiento y perversión,.

Hoy el país vive un nuevo tiempo. La elecciones del 6 de diciembre de 1998 no fueron una simple consulta electoral,.  Implicaron el licenciamiento  de una élite política. Ya no hay vuelta atrás. El país entró en una dinámica que más allá de su desenlace a mediano o corto plazo siempre apuntará hacia el futuro. Revolución, cambio de régimen, proceso de cambios, no importa como se le denomine, lo cierto es que Venezuela, ojalá que para bien, vive un sacudimiento de sus estructuras fundamentales y una reprogramación de las instituciones públicas.

 Muchos amigos se preguntan qué hubiera hecho Jóvito Villalaba de cara a este horizonte.



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Si se le sigue la pista a su pensamiento y a su conducta se podría afirmar  que Jóvito hubiera celebrado el estallido del cambio a favor de la democacia.Su clarividencia sociológica le permitía avizorar un inevitable reacomodo histórico. Era demasido evidente que el experimento del Pacto de Punto Fijo, que devino luego en  hegemonía bipartidista vivía su momento crepuscular y que existía un país segregado, colocado al margen del debate político, sin voz., condenado a una suerte de apharteid cívico.


Pero ese estremecimineto, como lo postuló Villalba en los días siguientes del 18 octubre no debería ser confiscado con visión sectaria, aún por la vía del apoyo popular de un partido o una facción. Esas fracturas históricas tienen sentido en la medida en que sirvan de válvula de escape para las sociedades, en oportunidades para que la democracia, entendida como un sistema dinámico pero que preserva como valor innegociable la libertad, desarrolle sus enormes potencialidades.



14.
Recordaría Villaba que el voto democrático legitima a un Presidente y a unas instituciones pero les impone el compromiso de actuar dentro de los límites que la propia democracia establece. Seguramente señalaría que no hay revolución sin la presencia espontánea del pueblo y no sólo la inducida por la fuerza del poder. y que las revoluciones o los cambios profundos modernos- condicionados por un exigente marco internacional- ya no son meras aclamaciones mesíanicas sino procesos impulsados por  la participación creciente, pluralista y creativa de las mayorías populares. Y no dejaría de reconocer como un hecho alentador la presencia militar en espacios estratégicos del gobierno, porque ya no existe la confrontación entre sociedad democrática y militarismo que a él le tocó vivir durante años hasta 1958. Aquella cúpula militar tecnocrática  había nacido de las entrañas del gomecismo. Los militares venezolanos de hoy, en cambio, son hijos legítimos de la democracia. Esa democracia por la que Jóvito Vilalba luchó con irrevocable pasión libertaria


Muchas gracia

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