sábado, 11 de junio de 2011

JUGAR CON CANDELA

LA SEMANA EN  TRES ACTOS

 Manuel Felipe Sierra

JUGAR
CON CANDELA

La violencia política se fortalece como uno de los principales elementos del cuadro nacional.  La repotenciación de los círculos bolivarianos le ha dado frutos al gobierno.  Hace una semana en Mérida, se reunieron Freddy Bernal, Adán Chávez, Elías Jaua, entre otros dirigentes, para hacer una evaluación de la constitución de estos grupos en los últimos dos meses.  La conclusión fue optimista: estiman que más de cien círculos se estructuran semanalmente en todo el país.


En paralelo, las organizaciones paramilitares se vienen entrenando intensamente. Ya habían ocurrido acciones aisladas contra dirigentes de Primero Justicia.  Al diputado Julio Borges se le impidió participar como conferencista en la UCV y el alcalde de Chacao Leopoldo López fue objeto de agresiones en un acto en la Universidad de Oriente.  Pero la semana pasada ocurrieron los graves sucesos de Valencia, el secuestro de los parlamentarios de la oposición durante más de dos horas en la sede de la Fiscalía General de la República -convertida en un lugar parecido a la conocida “esquina caliente”- y nuevas agresiones a parlamentarios y periodistas el día jueves en los alrededores de la Asamblea Nacional. 

Al mismo tiempo, aumentan las denuncias sobre la entrega de armas al chavismo talibán.  La periodista Ibéyise Pacheco denunció en su columna del viernes 14, que “trescientos chalecos antibalas coreanos, trescientos cascos antimotín, catorce lanzacohetes AT4, cien granadas, un millón de cartuchos 7.62, un millón de cartuchos 5.56, medio millón de cartuchos 9mm, doscientos fusiles 7.62, ciento cincuenta pistolas Browning 9mm y 30 fusiles 5.56 para francotiradores”, fueron descargados la madrugada del 22 de mayo en el bloque 52 del 23 de Enero, supuesta sede de Los Tupamaros.

Por otra parte, existen informaciones sobre compras nerviosas en las armerías de Caracas y la adopción de medidas preventivas de varias asociaciones de vecinos de la capital.  Es evidente que el gobierno confía su estrategia en la capacidad de intimidación y agresión de los círculos bolivarianos como un mecanismo disuasivo frente a las crecientes protestas de la clase media y organizaciones de la sociedad civil; y la tendencia hacia una mayor conflictividad social en los próximos meses.  El gobierno aplica, en el lenguaje militar, una suerte de guerra de desgaste frente a la oposición.

Una situación con estos rasgos no presagia otra cosa que la generalización y profundización de la violencia.  El presidente de la AN, William Lara, declaró  que el chavismo enfurecido “era incontrolable”.  Es posible, ciertamente, que algunos núcleos se escapen del control organizativo de los dirigentes bolivarianos.  Pero ello se explica por la persistente prédica presidencial a favor de la violencia.  Las agresiones del presidente el jueves pasado a reporteros de El Nacional y Globovisión al extremo de calificar al diario como “terrorista” es un estímulo directo a la actuación vandálica de sus partidarios.

Es probable también, que el gobierno procure que la exacerbación de la violencia tenga el efecto de un detonante en sectores militares comprometidos a fondo con el proyecto chavista como una manera de enfrentar la fragmentación de la institución castrense.  Pero como se ha demostrado la potenciación de los factores proclives a la violencia implica también la radicalización del resto de la sociedad.  Ello ocurrió a partir de diciembre cuando el esquema de “endurecimiento del proceso” desembocó en los episodios del 11, 12, 13 y 14 de abril.  Si se toma en cuenta que la situación hoy en día es mucho más sensible y explosiva que meses atrás, no cabe la menor duda que el país se enfrenta al riesgo cierto de una confrontación contaminada por la violencia y la agresividad.  En esta historia, por supuesto, la responsabilidad fundamental corresponde al presidente Chávez quien ante la posibilidad de promover un diálogo para recomponer las instituciones democráticas ha persistido en una política excluyente y hostil hacia espacios decisivos de la sociedad que son –dentro de las reglas del juego democrático- críticos de su gobierno.


LOS PASOS
DE BADUEL  

El general Raúl Baduel admite que no hay garantía de “tranquilidad” en el seno de la Fuerza Armada Nacional.  No se trata de ningún secreto.  Pero el hecho que lo diga el general con mayor capacidad bélica y mando de tropa en un contexto de balcanización y enfrentamientos de la FAN, tiene una connotación especial.  Aún más si se toma en cuenta que no es la primera declaración que hace el excomandate de los paracaidista cuyo pronunciamiento fue clave para el regreso de Chávez al poder en la madrugada del 14 de abril.  Por supuesto, las declaraciones del oficial merecieron la aclaratoria pertinente de los miembros del alto mando.  Pero en todo caso, reflejan como lo ha dicho el secretario general de MAS oposición, Leopoldo Puchi, “un proyecto político”.  Tanto es así que Jorge Olavarria ha asomado el nombre de Baduel con una salida de emergencia ante el virtual agotamiento de fórmulas constitucionales para superar la actual ingobernabilidad.  De esta manera, se ratifica lo que es un hecho demasiado obvio: que la FAN más que la institución consagrada a garantizar la institucionalidad del país se ha convertido en un partido político.


LA BURLA
ECONÓMICA

Las cifras aportadas por los gremios empresariales y los sindicatos  sobre el cierre de empresas y el incremento de los índices de desempleo son escalofriantes.  Pero más preocupante aún, es que frente a una recesión de tales dimensiones no existen políticas capaces de estimular a los agentes económicos y sociales, sino que por el contrario, éstos permanecen inhibidos por la incertidumbre y la falta de confianza.  Las medidas anunciadas por los ministros Nóbrega, Pérez Martí y Rosales, que se reducen al aumento de los impuestos, constituyen en el fondo una burla.  Ellas no implicarán necesariamente una mayor recaudación fiscal si se toma en cuenta que operan sobre un cuadro crítico y desolador.
14/06/2002

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