sábado, 11 de junio de 2011

LA BATALLA IDEOLOGICA DE PDVSA

NOTA: ESTA CORRIGE LA VERSIÓN ANTERIOR

LA SEMANA EN TRES ACTOS
 Manuel Felipe Sierra

LA BATALLA IDEOLOGICA
DE PDVSA

El conflicto de PDVSA llegó a dar la impresión que se trataba de una guerra de cansancio.  Nadie podía esperar – menos aún el gobierno – que empleados de la nómina mayor y de confianza pudiesen mantener durante cinco semanas un curioso planteamiento que no se vinculaba con su reinvidicaciones materiales inmediatas sino con dos temas si se quiere conceptuales: el restablecimiento de la meritocracia y la politización de la empresa. 


Tradicionalmente existió la percepción de que el alto nivel gerencial de PDVSA representaba una suerte de “gueto tecnológico”, integrado por un reducido grupo de venezolanos que manejaban las palancas secretas y complicadas de la industria y que además, ostentaban un nivel de vida promedio por encima del resto de los empleados de su mismo nivel en el país. 

Persuadidos de que ello era una realidad, el gobierno apostó a la fatiga, al desfallecimiento gradual de la protesta.  ¿Por qué un empleado menor o un obrero de Lagunillas o Anaco tenía que compartir las preocupaciones de altos gerentes instalados en confortables oficinas capitalinas y que suelen usar el jet como una ocupación casi cotidiana?.  ¿Hasta dónde podría durar la solidaridad entre un grupo de empleados reacios a la política y por ello mismo al exigente combate que suponen los conflictos y las huelgas?.  ¿Cómo era posible que este pequeño grupo de ejecutivos privilegiados pudieran paralizar la fuente principal de los ingresos fiscales del país y en logotipo de mayor crédito de Venezuela en el exterior?.

Nuevamente el gobierno se equivocó.  La manera como se produjo la integración de la nueva junta directiva de la empresa, ciertamente, implica la negación del concepto de la meritocracia.  Escrita o no, se trata de una tradición, de una práctica hecha ley que determina las vías de ascenso de una empresa, que no es una empresa cualquiera, que no se rige por los altibajos políticos sino que la única garantía que tiene para preservar su eficiencia y productividad es mediante el riguroso respeto de las credenciales y experiencias de sus operadores .   Los trabajadores nunca desconocieron la facultad presidencial para designar el nivel directivo de la empresa.  Pero después de 26 años de nacionalizada la industria todos los gobiernos tomaron en cuenta lo que resulta una conquista ya innegociable, para un equipo humano que afortunadamente para la economía del país, actua con un sano espíritu de cuerpo.  

El rechazo a la politización no significa negarle al gobierno el derecho a que en los niveles de gerencia figuren técnicos o gerentes de militancia chavista.  En el pasado los hubo adecos, copeyanos y convergentes.  Pero no se trata de la politización entendida de manera simple.  Lo que el gobierno se propone con el nuevo equipo que preside Gastón Parra Luzardo es alterar sustancialmente las políticas y estrategias de la empresa.  PDVSA no sólo es líder petrolera del Estado, sino que está comprometida con una racionalidad estrictamente mercantil y comercial para poder colocarse en términos y en situación válidamente competitiva.

Aceptar la violación de ambos conceptos, implica ni más ni menos que reproducir en PDVSA la dolorosa y costosa historia de las empresas del Estado todas convertidas en testimonios de la ineficiencia y la corrupción.  No se trata de cualquier cosa sino de tomar un nuevo rumbo sobre el futuro de PDVSA, lo cual sin exageración supone también el futuro del país. 

Por eso se explica que el conflicto de los trabajadores, más allá de sus intereses específicos, haya contado con una activa solidaridad de sectores como Fedecámaras, la CTV y organizaciones de la sociedad cívil, que en rigor no tienen una relación directa con el tema, pero asumen que de consumarse la “ocupación ideólogica” de PDVSA se escogería un rumbo inéquivocamente perverso para los intereses del país.

El conflicto estalló el miércoles 3 y ha logrado lo que se suponía impensable: la paralización de la industria, pese a intimidaciones, maniobras y el uso de los recursos del poder.  Nadie podía imaginarse que este grupo de venezolanos, que ciertamente,  se diferencian en sus ingresos y comportamientos de buena porción de sus conciudadanos, pudieran materializar lo que de ahora en adelante tiene que considerarse como una “batalla histórica”.

¿Qué pasará con el conflicto de PDVSA?.  Todas las opciones están abiertas.  El gobierno puede negociar sobre las fórmulas propuestas por los trabajadores que no suponen una rendición ni la negación en el fondo de las medidas del gobierno, o éste puede recurrir a la represión mediante la militarización y la decapitación de los cuadros técnicos.

Pero los efectos seguirán gravitando en el futuro.  Si negocia el gobierno deberá moderar su intención de asaltar a la corporación para cambiar su rumbo y sus metas fundamentales.  Si la reprime tendrá que tomar medidas adicionales, como el Estado de Excepción que exacerbaría aún más la crisis política.   Si procede al despido masivo e indiscriminado de la gerencia no podría sustituir a corto ni a mediano plazo, a quienes hicieron su vida en el seno de la empresa.

De lo que no queda duda es que en el medio externo, en el exigente mercado energético, Venezuela ha perdido credibilidad y prestigio.  El conflicto no fue obra de las desaveniencias naturales entre patronos y trabajadores sino la emergencia de una élite tecnológica altamente calificada en el mundo petrolero contra unas políticas de Estado, que de aplicarse en el futuro se comprobará su inconsistencia e inconveniencia; y paradójicamente, sería un gobierno “revolucionario” el que ocasione una herida mortal a una empresa propiedad de una nación independiente a favor indirecto de las viejas y mañosas empresas petroleras transnacionales.                                 

CAVALLO ESTÁ
EN LA CARCEL

Después de cuatro meses de agustia y sobresalto, los argentinos tuvieron un día de satisfacción: la noticia de que el exministro de economía Domingo Cavallo estaba bajo prisión.  Si bién Cavallo es acusado ahora  por un presunto contrabando de armas a Ecuador y Croacia en tre 1991 y 1995, durante el gobierno de Carlos Menem,  y no por su responsabilidad en la debacle de su país, para el razonamiento de los argentinos, de alguna manera, se hizo justicia.  Cavallo embarcó a su país con la fórmula de la Caja de Conversión que decretó la paridad del peso y el dólar.  Ello sirvió para bajar las cifras de hiperinflación, pero también abrió las puertas para una descomunal fuga de divisas y condujo al estancamiento del aparato productivo. 

Cavallo quiso aprovechar los aparentes resultados de su política como ministro al servicio del peronismo proponiendo su nombre como candidato presidencial independiente en dos oportunidades.  Su fama de mago de las finanzas obligó al radical Fernando De La Rúa a confiarle de nuevo el manejo de las políticas económicas.  El resultado no se hizo esperar.  Explotó la crisis bancaria.  De La Rúa tuvo que renunciar.  Cavallo desapareció de la escena.  Su país vive frente a un horizonte incierto.  Cada día es mayor la ira de los argentinos que asaltan bancos y comercios y conocen niveles increibles de empobrecimiento.  Hay razones suficientes para que Cavallo pague sus culpas.         


LA ILUSIÓN CHAVISTA

Las ventas de electrodomésticos cayeron 40% después de la devaluación del bolívar.  Los comerciantes aseguran que han tenido que reducir sus márgenes de ganancias debido a la contracción.  La industria perdió en el segundo semestre del 2001 más de 40.000 empleos, según encuesta de Conindustria.  Al mismo tiempo, se anuncia que estan listas las alzas en las tarifas telefónicas que subirán el 25% de promedio; y el jueves pasado fue autorizado el incremento de las tarifas eléctricas en un promedio de 15%.  Las tasas de interés siguen sin bajar de acuerdo a las estimaciones del gobierno, lo cual supone un problema para el sector bancario y prolonga la parálisis de la recuperación industrial. 

Un cuadro típico de recesión con tendencia al aumento del desempleo y el sector informal.  El gobierno sigue empeñado en reactivar la economía sólo por la vía del gasto público, seriamente comprometida por las exigencias del deficit fiscal.  Un cuadro totalmente distinto al que pintó a los venezolanos el presidente Chávez el 12 de febrero, cuando anunció la flotación del dólar y en consecuencia el estallido de la inflación.  ¿Dónde están las compensaciones sociales?. 

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