Manuel Felipe Sierra
LA EMERGENCIA
La Asamblea Nacional Constituyente declarará en los próximos días una emergencia nacional. Con ella se busca examinar y reformar los poderes públicos. La CTV y toda la estructura sindical, aunque no es un poder formal, también será sometida a una cuidadosa revisión. Hay suficientes razones para la decisión constituyente. El poder judicial requiere de una reestructuración radical. Los vicios y las corruptelas en el andamiaje judicial han generado otros graves males al país. Desde ahora algunos constituyentes, acostumbrados a la denuncia fácil y mentirosa, tratan de abanderar el adecentamiento de los mecanismos de la justicia. Más que propuestas para crear condiciones que permitan una escrupulosa y transparente selección de los jueces, su interés radica en una auditoría moral de los funcionarios, que les facilite deshacerse de los jueces incómodos (siempre sobrarán razones para ello) y sustituirlos por jueces de su entorno o políticamente comprometidos con sus intereses. Se trataría de sustituir las funestas “tribus” de la participación por “bandas” santificadas por las aguas benditas del “soberano”. Algo parecido podría ocurrir con la reestructuración de la CTV. Todo el mundo sabe que las cúpulas sindicales ya no representan la voluntad de los trabajadores y que en ellas se constatan altos niveles de corrupción. Pero al margen de los casos que tengan implicación penal de lo que se trata es de ofrecer a las bases sindicales, a los obreros, las condiciones que les garanticen sus derechos democráticos. En la aplicación de la emergencia nacional hay que distinguir entre las propuestas razonables y sensatas y el sueño jacobino de aquellos representantes que se creen sentados en la Comuna de París.
No hay comentarios:
Publicar un comentario