La suspensión del presidente Chávez de las visitas a Argelia y Libia, junto con el tono de sus declaraciones en Bogotá de condena categórica al terrorismo, suponen una cambio en el discurso presidencial sobre los temas internacionales. La moderación se explica como consecuencia de la nueva situación planteada por la guerra Estados Unidos – Afganistán.
Si bien es cierto que Venezuela no tiene injerencia directa en este conflicto hay razones para que el país introduzca variantes en lo que ha sido hasta ahora la diplomacia chavista. La dura ofensiva internacional contra el terrorismo tiene entre sus objetivos a personajes como Hussein y Kaddafi con los cuales el presidente Chávez ha mantenido (al igual que con Castro) relaciones privilegiadas que resultan incomprensibles para los centros del poder mundial.
Al mismo tiempo, es previsible la radicalización de la guerra en Colombia, que de modo directo nos afectará de diversas maneras. Las FARC en Colombia a través del “Mono Jojoy” anunció un plan de acciones contra objetivos norteamericanos no sólo en Colombia sino en otros países, lo que habría de provocar una fulminante represalia de la alianza de países que se han comprometido a aniquilar a los grupos terroristas, entre los cuales para la catalogación norteamericana, se cuentan los grupos subversivos que operan en ese país.
Estas razones son más que suficientes para que el presidente Chávez modere un discurso que ha contribuido a crear una matriz de opinión adversa al país y a la naturaleza democrática del proceso bolivariano. Por supuesto, este giro en la política exterior venezolana –impuesto por la amenaza de una nueva guerra mundial- afectará el protagonismo que hasta ahora ha logrado ejercer el mandatario entre países en vías de desarrollo y movimientos revolucionarios latinoamericanos.
EL NEGRO, OTRA VICTIMA
El PPT ha tenido mala suerte en sus relaciones con el presidente Chávez y el MVR. Pese a la lealtad demostrada por este partido con el proyecto bolivariano, que lo ha llevado a soportar la descortesía y los maltratos de sus aliados, siguen siendo objeto de malas jugadas. Primero fue el marginamiento de sus candidatos a gobernadores, alcaldes y diputados, que los condujo a marcar distancia frente a los restantes factores del Polo Patriótico.
Luego está el caso patético de su secretario general Pablo Medina, quién públicamente ha sido irrespetado con promesas inclumplidas, ya en varias oportunidades por Chávez y la dirigencia del MVR. El último caso conocido fue el ofrecimiento de la candidatura a la presidencia de la CTV. Ahora le tocó el turno a Aristóbulo Istúriz, su figura de mayor proyección pública. Istúriz creyó que arrasaría en las elecciones para presidir la central obrera, y la aceptación de esa postulación lo llevó a separarse de Medina, su viejo compañero.
Pero estaba claro que no era nada fácil una victoria en una estructura cerrada de un millón de electores que mantienen tradicionalmente vinculaciones de lealtad con los jefes de sus sindicatos. Y hasta ahora ello ha ocurrido. Los resultados de las votaciones realizadas la semana pasada en todo el país significan una derrota en toda la línea para la Fuerza Bolivariana de Trabajadores que postula a Istúriz. En lo que resta para la elección del presidente de la CTV (25 de Octubre) luce casi imposible que esta tendencia pueda revertirse. Está claro que la dirigencia del MVR estaba convencida de la imposiblidad de un triunfo en este escenario. De otra manera no se explica cómo siendo un partido con vacación excluyente y sectaria, no hubiese postulado a uno de sus dirigentes. Resultaba sospechosa la generosidad emeverrista.
Istúriz, que comenzó su campaña con la fuerza de una candidatura presidencia ha desaparecido de la escena. Es la nueva víctima del chavismo.
LOS EXTERMINADORES
Había tardado mucho la justicia en actuar contra los agentes de la policía en Portuguesa acusados de ejecutar a decenas de delincuentes e inocentes sin fórmula de juicio. La denuncia estaba en la prensa desde hace varios meses. Existían suficientes evidencias consignadas no sólo por familiares de las víctimas sino por personalidades como el exgobernador del estado Iván Colmenares. Una comisión de la Asamblea Nacional investigó el caso, pero nada ocurría.
Ahora una acción de la Fiscalía General de la República acaba de confirmar plenamente la existencia de los agentes policiales que conformaban el “Grupo Exterminio”. Se ha desarticulado la organización criminal y varios de sus miembros ya están en prisión. Sin duda que se trata de una acción encomiable de la Fiscalía. No obstante, como lo registra el periodista Wilmer Poleo Zerpa de El Nacional: “la situación en Portuguesa alcanzó el nivel alarmante actual porque durante años el Ministerio Público, el Poder Judicial, la Policía Técnica Judicial y las autoridades regionales, jugaron al “dejar hacer”, debido a que en cierta forma convenía la actuación de los exterminadores, pues estarían “limpiando” el estado de delincuentes de alta peligrosidad”.
¿No estará ocurriendo lo mismo en regiones como Bolívar, Falcón, Zulia y Carabobo, donde se han denunciado, también con pruebas contundentes, la existencia de grupos de exterminio?
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