domingo, 12 de junio de 2011

LA VICTORIA DEL CNE

Análisis
20/10/2003
LA VICTORIA
DEL CNE

Manuel Felipe Sierra

Voceros de la oposición celebran como una contundente victoria la decisión aprobada por unanimidad el lunes por los rectores del Consejo Nacional Electoral, que invalida los revocatorios de alcaldes y gobernadores promovidos por el oficialismo. En todo caso, son pertinentes algunas interrogantes ¿Acaso las razones qué ahora se invocan para considerar como peticiones “extemporáneas” las formuladas por el régimen, no eran absolutamente claras las razones cuando el organismo decidió la activación de estos referendos hace pocas semanas? ¿No se comprendía acaso que el juego revocatorio a niveles regionales y municipales era una maniobra distraccionista para complicar y enturbiar la vía hacía la revocación presidencial?.


Pero además ¿Quién asegura que un organismo que de manera manifiesta es manejado por una mayoría oficialista -el presidente Francisco Carrasquero más allá de valoraciones personales y profesionales es una pieza obvia en el plan de captura de las instancias públicas en la línea de consolidar una legalidad autocrática-, no produzca en los próximos días una resolución que implique en la práctica el diferimiento y la prolongación de los lapsos para la consulta refrendaria?

Mientras ello ocurre, la mayoría (ciertamente precaria y tambaleante del régimen en la Asamblea Nacional) pero mayoría al fin, prosigue en el camino de calcinar el Estado de Derecho y en un obsceno desconocimiento de la Constitución. Sectores del antichavismo (por ingenuidad en el mejor de los casos) se niegan, en cambio, a reconocer la verdadera naturaleza de la revolución bolivariana que avanza en la configuración del blindaje legal de un modelo que no tiene nada que ver con la esencia y la cultura democrática del país.

La jurista Gisela Parra ha hecho pública una visión esclarecedora de este proceso. No es lo mismo que la minoría se someta al ejercicio de la mayoría en la aplicación convencional de las reglas parlamentarias a que acepte, sin respuestas concretas ni convincentes que frente a sus ojos se alteran los principios que definen los valores fundamentales de la democracia. Lo que ahora se plantea en la AN con la reforma de la Ley del Tribunal Supremo de Justicia no merece solamente la ceremonia del voto salvado, sino que significa, nada más y nada menos, que un tiro de gracia al ordenamiento constitucional.

De la misma manera, que desde Miraflores se endurece una política para bloquear e impedir una salida pacifica a un cuadro de ingobernabilidad que se profundiza cada día más, los factores representativos de la oposición estarían obligados a interpretar lo que es una expresión robusta y activa de los venezolanos en la dirección de encontrar caminos hacía la reconciliación y la reconstrucción nacional. Algunos hechos recientes indican lo contrario. La temprana tentación electoralista y una costosa subestimación de los verdaderos perfiles del fenómeno chavista parecen complacerlos en sospechosos y fugaces triunfos como la invalidación de los referendos revocatorios, sin tomar en cuenta que la porción decisiva de la sociedad venezolana -al margen de franquicias partidistas- ha tomado el rumbo sin regreso de la disidencia y la protesta. 

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