sábado, 4 de junio de 2011

LOS APUROS DEL MVR

Manuel Felipe Sierra


El MVR está en camino de importantes revisiones. Las divergencias internas y una tendencia a la anarquización en sus niveles dirigentes a partir de acusaciones y señalamientos mutuos se reproducen en todo el país. Las medidas de suspensión  o expulsión de dirigentes regionales y distritales, la mayoría de ellos en abierta rebelión frente a la jerarquía partidista, son registradas de manera recurrente por la prensa.

La semana pasada tres hechos -cual de ellos de mayor gravedad- pusieron de bulto la delicada  situación interna  del partido eje del gobierno: el debate generado por la participación del MVR, a través de la  Fuerza Bolivariana de Trabajadores en las elecciones de la CTV,   la disputa por el control de la fracción de la Asamblea Nacional y el destino de la Ley de Emergencia Penal. Durante varios meses el alto nivel emeverrista apostó a que la renovación de las estructuras sindicales -mandatada por el referéndum del 3 de diciembre del año pasado- naufragaría por la debilidad política de la máxima central obrera, todavía controlada por los partidos tradicionales.


No obstante, ello no ocurrió. El proceso de escogencia de la nueva dirigencia sindical -desde la base  hasta el Comité Ejecutivo- se puso en marcha estimulando una creciente  participación de los trabajadores. El CNE aprobó unas  reglas de juego para que el  proceso  expresara con transparencia  la voluntad mayoritaria  de los electores. En el MVR creció una  corriente que proponía la constitución de una central propia, que se nutriera con la  Fuerza Bolivariana de Trabajadores, que dirige Nicolás Maduro.

Pero las realidades en política siempre serán más tercas que los deseos. La CTV puso en acción sus mecanismos organizativos y se comenzaron a cumplir los lapsos del cronograma fijado por el organismo electoral. La posibilidad de producir una división real del movimiento obrero –única manera de viabilizar la tesis fraccionalista- se desdibujó del escenario. Voces como la de Luis Miquilena  plantearon la conveniencia de jugar a la unidad sindical suscribiendo y legitimando la elección, aunque los resultados de ésta  resultaran desfavorables. Obligados a tomar una decisión los dirigentes del MVR  se encontraron ante el hecho evidente de que no era posible eludir la confrontación.

Las cuentas  del chavismo no dieron para la victoria. Los nombres de Nicolás Maduro y José Khan propuestos originalmente, fueron congelados. En la búsqueda de mayores  espacios  se plantea ahora el apoyo a Pablo Medina o Aristóbulo Istúriz, los dirigentes emblemáticos del PPT como una manera de amortiguar los efectos de un casi seguro revés Entre el 16 y 17 de este mes, el MVR consultará a sus bases. El retiro de Istúriz y su apoyo a Medina, coloca a este partido en una situación dilemática. Al mismo tiempo, ha surgido una corriente que ante la inevitabilidad de un apoyo a Medina -con grandes reservas en sectores del chavismo- preferiría una candidatura propia sin opción de ganar o la abstención.

En el seno de la fracción parlamentaria en la AN ha surgido una corriente integrada por 15 diputados que encabezan Pedro Carreño y Alberto Jordán Hernández que plantearán en los próximos días la renuncia de Ernesto Alvarenga como jefe de la bancada. Se trata de un pretexto para ventilar un problema más sustantivo: el descontento de este sector con la manera como se conduce el MVR y el apoyo a la reconstrucción del MBR 200, el próximo diciembre como una operación de reconstrucción del chavismo originario.

El jueves estas diferencias quedaron claramente expresadas cuando los parlamentarios disidentes se opusieron a la presentación de una Ley de Emergencia Penal propuesta por el ministro del Interior y Justicia, Luis Miquilena, para abordar el problema de la delincuencia, mientras se modifica el Código Procesal Penal. Estos síntomas de conflictos latentes configuran un clima contrario a la armonía partidista. La gran interrogante es la posición que finalmente adoptará Chávez.

EL SOBERBIO ORINOCO


La presencia Fidel Castro en Guayana, en vísperas de cumplir 75 años, es sólo un pretexto para subrayar la identificación del gobierno cubano con el proceso bolivariano. Esta será una constante en la política exterior venezolana. Chávez usa sus relaciones privilegiadas con La Habana para resaltar un sesgo independiente en la aplicación de su diplomacia frente a los Estados Unidos. Castro, a su vez, aprovecha la permisividad y las inclinaciones afectivas de Chávez hacia las Revolución Cubana para reforzar el carácter antiimperialista (sería mejor decir antinorteamericano) de su mandato.    

Para Washington es un juego casi convenido. Castro ya no representa un peligro político para Estados Unidos después de la cancelación del esquema de la Guerra Fría. En los medios oficiales del Norte es un problema de tiempo la sucesión en Cuba de un gobierno retóricamente marxista a una economía de mercado que habrá de acentuarse, independientemente de lo que ocurra, una vez que Castro ceda su papel protagónico. Al gobierno de Chávez en los círculos de la política internacional de Estados Unidos se le atribuye un papel semejante, guardando las distancias de tiempo y lugar. Hay espacio para una gestión exterior propia, sin necesidad de una sujeción incondicional a la estrategia de Bush, a partir de la conformación de bloques económicos autónomos y una creciente multipolaridad política. Pero en términos económicos, y principalmente en materia energética, la política de Chávez se orienta a un fortalecimiento de los vínculos bilaterales con Estados Unidos. Tanto Castro como Chávez tienen abierta una oportunidad para seguir acentuando un curioso y extemporáneo ejercicio de “turismo revolucionario”. El soberbio Orinoco como telón de fondo no es un escenario despreciable para estos fines.

KETIN “PILLAO”

Siempre estuvo claro el interés del exministro del Interior de Perú, el general Ketín Vidal, en capturar a Vladimiro Montesinos en Venezuela. En ese empeño llegó incluso a vulnerar la soberanía del país al entrar clandestinamente para dirigir un supuesto operativo de secuestro del ex asesor de Fujimori en San Carlos. Ketín sirvió  de informante privilegiado a los miembros de la Comisión de la Verdad de la Asamblea Nacional que viajaron a Lima para establecer la supuesta responsabilidad  del gobierno en la protección del fugitivo. Ketín trataba de fortalecer su imagen como un funcionario “incorruptible” para ganar la indulgencia del nuevo gobierno de Alejandro Toledo, ante el temor de que un Montesinos vivo, pusiera en la calle los secretos de las andanzas de ambos como siniestros policías al servicio de Fujimori. Más temprano que tarde el inefable Ketín ha caído en su propia olla. El Departamento de Inteligencia del Tesoro de Estados Unidos acaba de dar a conocer un informe que implica al mimético Vidal en sospechosas transacciones mercantiles con Montesinos. La Fiscalía General peruana sentará en el banquillo de los acusados al superpolicía con fama de vengador errante. ¿Qué dirían los ingenuos parlamentarios venezolanos que creyeron las confidencias del militar ahora enfrentado a la justicia?

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