LA SEMANA EN TRES ACTOS
17/05/2002
Manuel Felipe Sierra
LOS TRES CAMINOS
La crisis de ingobernabilidad se acentúa aceleradamente. Dos hechos fortalecen esta tendencia: el virtual colapso de las mesas de diálogo y las inocultables y graves dimensiones de la fractura en el seno de la FAN, magnificada por las interpelaciones de altos oficiales en la Comisión Política de la Asamblea Nacional. La propuesta del diálogo tuvo un mal comienzo. Se concibió de manera excluyente. Su radio de acción se limitó a sectores ya conocidos de la periferia chavista. En cambio, fueron omitidos los factores claves capaces de contribuir a la reconciliación nacional: CTV, Fedecámaras (que si bien fue invitada se solidarizó con las decisiones cetevistas) y la sociedad civil entendida en la representatividad de sus organizaciones y gremios; y no por individualidades.
En las primeras de cambio este error se convirtió en un obstáculo para el funcionamiento de las mesas de diálogo. CTV y Fedecámaras se negaron a seguir en las conversaciones. Miguel Henríque Otero (El Nacional) y Alberto Federico Ravell (Globovisión) que tampoco actuaba en representación de sus respectivas cámaras, decidieron separarse ante la reiterada descalificación a la actuación de los medios de comunicación. Posteriormente, lo hizo Elisanower Depool presidente de la Asociación de Alcaldes del estado Falcón y se esperan nuevos pronunciamientos en igual sentido.
A pesar de los esfuerzos del Vicepresidente Ejecutivo de la República, José Vicente Rangel, por mantener viva la posibilidad de un mecanismo de concertación los hechos están siendo más tercos que los deseos. Persistir en una gestión conciliadora en las condiciones actuales supone un simple saludo a la bandera.
Las comparecencias de oficiales testigos de los episodios del 11 al 14 de abril, han resultado contraproducentes para la mayoría oficialista en la ALN. Si se procuraba sentar en el banquillo de los acusados – ante los ojos del país – a los indiciados del golpe de estado o el vacío de poder que determinó el abandono transitorio por Chávez de la presidencia, el resultado ha sido diametralmente opuesto. Las exposiciones de los generales Lameda, Rosendo, Camacho Kairuz y González González, entre otros, han aportado revelaciones explosivas sobre la situación que vive la institución castrense, caracterizada por el quebrantamiento de la disciplina y la pugna entre facciones. El verdadero objetivo de la ronda de interpelaciones que se suponía dirigido a establecer la verdad sobre los hechos ocurridos el pasado mes, ha sido relegado a un segundo plano.
No es por azar que la opinión pública se encuentra atrapada por la crispación y el desconcierto. El viaje del presidente Chávez a Madrid (ya anunciado en su agenda internacional) dio margen para los más curiosos rumores y las más persistentes versiones sobre una nueva y está vez insalvable crisis de poder.
Las causas y el denso clima de confusión previo al 11 de abril se sigue viviendo en el país, y ahora agravado ante la constatación de que las promesas del gobierno de rectificar sus políticas no pasaron de ser un recurso demagógico y oportunista. Sectores del gobierno (buena parte de la fracción parlamentaria del MVR) están convencidos que la única manera de desempatar el juego – que dicho sea de paso está afectando de manera severa la recesión económica – es mediante la relegitimación de los poderes. El propio presidente Chávez habría confesado a sus más cercanos colaboradores su disposición a salir de un callejón sin salida.
Tres tesis podrían facilitar la vía para recobrar una mínima gobernabilidad. La convocatoria a un referéndum consultivo, que si bien un resultado adverso no implicaría la salida del mandatario, retrataría las dimensiones exactas de la situación que vive el país y de las soluciones heroicas que ella requiere. El segundo camino consistiría en una Enmienda Constitucional que recorte el período presidencial y convoque a nuevas elecciones estableciendo la figura de la segunda vuelta. En los últimos días ha cobrado fuerza también un planteamiento, que si bien no es del todo ortodoxo, ofrecería una salida a corto tiempo y que consistiría en la renuncia de Chávez y la convocatoria en un tiempo máximo de tres meses a una nueva elección cuyos resultados ya no dejarían dudas sobre el rumbo que quiere la mayoría del país.
Ninguna de las tres fórmulas tiene aún consenso. Todas ellas presentan inconvenientes que obligan a un esfuerzo conjunto del gobierno y la oposición. Lo novedoso es que hasta hace unas semanas Chávez se mostraba renuente a cualquier idea que implicase en la práctica una alteración del curso que llevan los acontecimientos desde hace tres años. Pero si bien es cierto que Chávez, es un gobernante con una personalidad complicada e impredecible, también lo es que todo político sabe cuándo llega el momento que las realidades se sobreponen a los deseos y a los sueños.
UN LECTOR TENAZ
Un lector de nombre Flavio Reynaldo Robles (C.I. 11.787.934), envió una correspondencia al editor y a la junta directiva de El Carabobeño indignado por una nota aparecida en esta sección el día 15 de abril. Lo lógico era que la misiva fuese enviada a la persona que en criterio del exigente lector había escrito “en horrorosa forma” sobre la masacre del 11 de abril. Si el acucioso lector no hubiese procedido de manera persistente en hacer reclamos impropios ante la redacción para exigir la publicación de su carta (por lo demás llena de incongruencia e inexactitudes) no me vería obligado a esta respuesta.
El señor Robles no tiene derecho a réplica. Él no ha sido aludido en ningún momento en mis comentarios. Y no he falseado información alguna que le afecte. Es más, podría ser aludido y ello no implicaría, salvo que mediaran aclaratorias pertinentes, la posibilidad de polemizar con alguien a quien no conozco y cuya argumentación además de abusiva y grosera, me parece sencillamente deplorable. El lector cuestiona que en la nota “Mentira y Sangre” se aluda a la responsabilidad del presidente Chávez en la muerte de pacíficos e inocentes manifestantes. Esa responsabilidad no está en duda. El propio Chávez y el Alto Mando Militar admitieron haber autorizado la activación del Plan Ávila que no era otra cosa que ordenar la represión de la marcha cívica. Luis Miquilena, quien seguramente es más cercano al afecto del mandatario que el señor Robles, dijo en televisión: “Chávez tiene las manos manchadas de sangre”. Yo no llegué, ni llegaría nunca a ese extremo, en respeto a mi formación periodística. Variados testimonios y documentales gráficos; así como las declaraciones de miembros del Alto Mando Militar señalan la responsabilidad del Jefe del Estado en estas muertes.
En mi comentario afirmé: “Chávez prometió que jamás un soldado bajo su mando atentaría contra un ciudadano; hizo de ello una prédica consistente y cotidiana. La tarde del jueves 11, Chávez fue víctima de la fuerza incontrolable del destino”. Allí no hay calumnia, difamación ni mentira. Un Presidente bajo cualquier régimen corre el riesgo del desbordamiento de sus cuerpos policiales, pero la actuación de éstos se endosa generalmente a los mandatarios. ¿Pérez Jiménez asesinó personalmente a Ruíz Pineda y a los demás luchadores democráticos que cayeron durante su dictadura?. Por supuesto que no. ¿Pero cómo pudo eludir el dictador su responsabilidad en el baño de sangre de que fueron objetos sus adversarios?. Hitler no despellejó a ningún judío inocente. ¿Y cómo no hacerlo el autor de una de las más horrendas masacres de la Humanidad?. Carlos Andrés Pérez seguirá cargando hasta la muerte con la autoría del “Caracazo”, y nadie puede acusar al ex-presidente de haber atravesado con una bayoneta el cuerpo inerme de ningún venezolano.
Lamento haber usado este espacio para una respuesta de esta naturaleza. Pero lo hago por dos razones: para dejar en claro que el editor y los directivos del periódico no tienen absolutamente nada que ver con los contenidos de mis análisis; y porque estoy convencido que detrás del Sr. Robles se esconde una de esas figuras nacidas del delirio chavista que sólo conocen como lenguaje la descalificación y el insulto; y como medio de actuación el uso cobarde de la intimidación y la violencia. En mi caso ello me tiene sin cuidado.
ISAIAS, POR FAVOR
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