sábado, 4 de junio de 2011

SUICIDIO Y AUTO - SUICIDIO

Manuel Felipe Sierra

SUICIDIO  Y
AUTO - SUICIDIO

Tiene un indudable valor simbólico la renuncia de Cecilia Sosa a la presidencia de la Corte Suprema de Justicia. Pero nada más. La mayoría de los magistrados del organismo aceptaron y reconocieron a la Comisión de Emergencia Judicial elegida por la Asamblea Nacional Constituyente porque ésta, según ellos, no colide con las funciones de la Corte Suprema de Justicia. Un argumento formal. El hecho cierto es que la Corte (al igual que el Congreso Nacional) son poderes decorativos, castrados, y sumisos a las decisiones de la  ANC. Ello era previsible desde que el 25 de julio el chavismo obtuvo una abrumadora mayoría de constituyentes lo cual significaba que la Asamblea habría de tener carácter originario y que procedería a la reestructuración de los poderes constituidos. Una situación semejante se planteará en los próximos días con el Congreso Nacional, cuya Comisión Delegada convocó a sesiones extraordinarias a partir del viernes. Se trata de otro gesto simbólico. Acción Democrática, COPEI, y Proyecto Venezuela desafían a la Constituyente para morir con las botas puestas. Pero nada más. El Congreso Nacional es desde hace un mes una mera ficción. La próxima semana se dilucidará un enfrentamiento entre el Congreso elegido el 8 de noviembre, y la Constituyente elegida el 25 de julio. No es difícil apostar al desenlace. Surgirá una fórmula de entendimiento o la Constituyente procederá a disolver al poder legislativo sin mayores consecuencias. Hace días que el Congreso Nacional, al igual que la Corte Suprema se “suicidó”, como dijo Cecilia Sosa o se “auto - suicidó” como humorísticamente calificó Luis Miquilena la renuncia de la presidenta de la Corte Suprema de Justicia. En el fondo aquí no ha pasado nada.




EMERGENCIA
ECONOMICA

Las cifras de la economía venezolana cada día son más catastróficas.
La recesión se agrava con un inmenso costo social, en términos de desempleo. Los índices de consumo (incluyendo artículos como los medicamentos) registran una caída brutal. Un estudio dado a conocer por la prensa revela que las utilidades de las grandes empresas nacionales se  desplomaron 105 por ciento en promedio según el balance del mes de junio. El propio presidente Chávez ha reiterado la gravedad del cuadro económico y el gobierno ha definido una política de reducción y racionalización del gasto público para contribuir con la baja de los niveles inflacionarios. No obstante, la situación se complica y no se vislumbran señales de una reactivación a corto plazo. Los signos más bien son en sentido contrario. Las insistentes publicaciones de la prensa extranjera sobre el rumbo del proceso de cambios que alienta Chávez ahuyentan a los inversionistas. La incertidumbre  política, que necesariamente, generan las propuestas que considera la Asamblea Constituyente introduce otro elemento que frena la inversión. Todo indica que l999 será uno de los peores años de la economía venezolana. Hay la percepción, aunque no se corresponda exactamente con la realidad, que Chávez maneja con astucia y eficacia el tema político pero desdeña las políticas económicas. Es verdad que el gobierno no es responsable de la recesión que en definitiva es un acumulado de políticas y estrategias fracasadas en los últimos  años. Pero después de siete meses en la Presidencia de la República, Chávez  es responsable si la crisis se torna ingobernable. Y eso está ocurriendo. El gobierno ha tomado decisiones sensatas para estimular la reactivación pero ellas no han dado los resultados mínimos que se esperaba, ¿ No es el momento de declarar la emergencia económica?


LA PRENSA
GRINGA

“The New York Times” editorializó sobre el proceso político venezolano. Recogió la preocupación que existe en los medios internacionales porque los cambios que se están produciendo en el país puedan comprometer la vigencia del sistema democrático. Pero el prestigioso diario neoyorquino soporta el editorial sobre datos falsos e interpretaciones engañosas. Escribir que el gobierno dilapida los recursos en la instalación de una costosa empresa que fabricará los carros populares es una mentira que nadie se hubiera imaginado que tuviera cabida en la página editorial de uno de los periódicos que en mayor medida influye en la opinión mundial. El presidente Chávez como es lógico refutó el comentario e insistió en que es objeto de una virulenta campaña orquestada por sectores de la prensa extranjera. En este tema es necesario distinguir dos cosas: en Estados Unidos existe un poderoso lobby con conexiones en los principales medios y que sigue la política latinoamericana a través del prisma antifidelista. Toda política que no suscriba la estrategia norteamericana frente a Cuba entra en una zona de sospechas. Ya durante la campaña electoral el candidato Chávez había despertado inquietud y aprehensiones. Importantes diarios y programas de televisión advirtieron sobre el riesgo que supondría para el Hemisferio la implantación de un gobierno revolucionario en Venezuela. En estos seis meses de gobierno y una vez que Chávez definió una política exterior independiente y solidaria, estas sospechas se han incrementado. Ahora más que nunca, como lo refirió el propio Chávez, es pertinente que el gobierno impulse una ofensiva internacional para informar al mundo sobre la inequívoca naturaleza democrática del proceso venezolano. No habría que confundir el editorial de “The New York Times” y las operaciones del lobby antifidelista con las opiniones de escritores independientes como Mario Vargas Llosa  o Antonio Caballero. En el primer caso actúan intereses con propósitos claramente políticos. En el segundo caso, se trata de analistas e intelectuales que todavía no logran comprender un proceso sumamente complejo y atípico, incluso para vastos sectores del país.


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