AL COMPAS DE LOS DIAS
EL DERRUMBE (II)
12/08/2010
MANUEL FELIPE SIERRA
Toda propuesta de cambio revolucionario suele mostrar en una primera etapa logros y conquistas capaces de establecer diferencias con el pasado. Avances materiales o sociales que demuestran las bondades y ventajas del nuevo sistema. En Cuba (un ejemplo ineludible), en los primeros años el castrismo dio señales de su lucha contra la corrupción de los gobiernos anteriores. Y es que una nueva ética suele ser el complemento de la épica que acompaña las revoluciones victoriosas.
Nadie duda que la dictadura de Batista fue un muestrario de las peores perversiones en el ejercicio del poder; ni que tampoco a comienzos de los años 60 los barbudos de Castro infundían respeto por sus sacrificios y la exaltación de valores que entusiasmaron a la izquierda continental. Luego, fueron incuestionables los avances obtenidos en educación, sanidad y deporte aunque en buena medida gracias a la ayuda soviética. Pero, en todo caso, la revolución cubana tenía cosas que mostrar al mundo y que la convertían en referencia internacional.
La revolución chavista, en cambio, comenzó mal. Su advenimiento fue obra de la caída de un modelo político, de la utilización engañosa de la vía electoral y sus líderes carecían de la aureola de heroísmo de los revolucionarios históricos. Por ello, más que un proceso de transformaciones y satisfacción de demandas sociales y económicas, se trata de un proceso de destrucción, de una especie de regresión necrofílica hacia formas y experiencias sociales y culturales decimonónicas.
El resultado, entonces es la destrucción por la destrucción misma; una especie de culto inútil a la demolición nacional; una apuesta a contranatura histórica semejante no podía conducir sino al drama que ahora se vive: la corrupción generalizada (el caso “Pudreval” es un símbolo de la amoralidad y la ineficiencia juntas); el deterioro de la vialidad y la infraestructura hospitalaria y educativa; el colapso de los servicios públicos; la negligencia y desidia de los organismos oficiales, etc., conducen como es lógico a un dramático derrumbe. ¿Existe acaso posibilidad real de revertir el desplome a corto plazo? ¿Si la etapa de la bonanza fue desaprovechada, tiene el régimen fortalezas para remontar una cuesta de esta envergadura? La revolución chavista careció de épica pero ahora se comprueba que también carece de la ética.
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