miércoles, 7 de septiembre de 2011

LA GUERRA

AL COMPÁS DE LOS DÍAS

LA GUERRA
19/08/2009
MANUEL FELIPE SIERRA

Chávez encontró en la activación de las bases militares colombianas con logística estadounidense, un pretexto perfecto para avanzar en dos frentes: la carrera armamentista y la ubicación de un “enemigo estratégico” para su proyecto. El acuerdo entre Colombia y Estados Unidos para la lucha contra el narcotráfico no tiene nada de novedoso y era previsible. No habría razones entonces, para la violenta reacción chavista. Sobre todo, si se considera la alianza militar de Venezuela con Cuba y los vínculos con Rusia, Irán y grupos asociados al terrorismo internacional como las FARC. ¿Acaso estos acuerdos no comprometen la soberanía nacional sin que hayan sido sometidos a la aprobación de los venezolanos?


¿Es pertinente exigirle a Uribe explicaciones sobre la ampliación de un convenio que ya existía? ¿Aceptaría Chávez el cuestionamiento de las compras militares a Rusia, Bielorrusia y China, y la conversión de la Fuerzas Armadas en una guardia pretoriana que recuerda los peores ejemplos del totalitarismo? El reforzamiento militar colombiano (para combatir el fenómeno de la droga que cada día afecta más a Venezuela), podría convertir a Colombia, según Chávez, en una especie de Israel como punta de lanza de Estados Unidos en la zona. Por esa vía, se podría argumentar también que Venezuela abriendo sus puertas a componentes armados de otras naciones, corre el riesgo de reproducir el papel de un Líbano en América Latina. Es decir, un país que ofrece su territorio para enfrentamientos de ejércitos extranjeros.

El discurso belicista de Chávez (repotenciado después de celebrar los 83 años de Fidel Castro en La Habana) convierte a Uribe en el blanco principal. Sin un George W. Bush en el poder, el mandatario colombiano se convierte en un útil pushing ball para exacerbar la fibra nacionalista. Hasta hace unos días Uribe veía comprometida su estrategia reeleccionista. Nadie duda que a partir de su popularidad el gobernante mantiene la primera opción en una consulta electoral. Pero ello seguramente desataría serios problemas de gobernabilidad. Ahora las cosas comienzan a cambiar. En la medida que Chávez ataca a Uribe, éste disipa aprensiones y reservas y se hace viable su propósito continuista. El juego resulta entonces cómodo para ambos. Chávez y Uribe se retroalimentan. Dios los cría y el diablo de la guerra los junta.

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