AL COMPAS DE LOS DIAS
INSULZA Y ZELAYA
26/08/2009
MANUEL FELIPE SIERRA
Dos meses atrás los semblantes de Manuel Zelaya y José Miguel Insulza reflejaban otra cosa. El presidente hondureño era llevado por los militares hasta San José de Costa Rica. Roberto Micheletti encabezaba un gobierno provisional. Era el punto culminante de una crisis que despojó al mandatario de legitimidad. Tenía el repudio de todos los poderes y hasta de su propio partido.
Tenía a su favor, en cambio, el escenario internacional. Insulza aprovechaba la ocasión para ganar puntos con la mayoría circunstancial de la OEA controlada por Chávez desde la reunión de San Pedro Sula un mes antes. Allí, una OEA acobardada le rogó a Raúl Castro que Cuba volviera a la comunidad que la había expulsado en los años 60.
Zelaya apostaba a la gloria. Juraba que regresaría al poder en hombros del pueblo. Insulza con la vista puesta en su reelección, se metió en el bolsillo la Carta Democrática Interamericana. Zelaya se hizo un héroe de la democracia. El gobierno de Honduras fue execrado por todos los organismos internacionales. Nunca se había visto una acción envolvente de esta naturaleza contra un pequeño país por un delito más que común en la criminología política latinoamericana. Zelaya preparó el regreso. Insulza movió los hilos. Chávez puso la logística. Su primer intento sobre el aeropuerto de Tegucigalpa resultó un fiasco. Luego permaneció en la frontera nicaragüense con el auxilio de las cámaras de Telesur. Oscar Arias propuso un arreglo ante la impotencia de la OEA. Zelaya prosiguió en su odisea aeronáutica. Este martes, cabizbajo y silencioso, Insulza vió la cara de Micheletti en busca de una negociación. Todo fue en vano. El conflicto no ha terminado pero se reduce ahora a dos opciones: la vía de la violencia que hoy emprenderían los partidarios de Zelaya con el apoyo de milicianos venezolanos y nicaragüenses; y el camino electoral que habría de culminar el 28 de noviembre.
¿Avalará la OEA una acción directa de violencia que no descarta el terrorismo para resolver la crisis? ¿Será capaz la OEA de desconocer un proceso democrático donde participe el pueblo hondureño, más allá de la tutela del organismo? Zelaya, según se dice, podría refugiarse en el despecho de las rockolas. Insulza, seguramente será reelecto, pero al costo de haber hundido aún más a la OEA en el pantano de la desvergüenza hemisférica.
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