SEMANA EN TRES ACTOS
EL TAMBOR DE CURIEPE
16/07/2009
MANUEL FELIPE SIERRA
No son medidas aisladas ni productos de la casualidad. Las emisoras y televisoras colocadas en un limbo jurídico por CONATEL; la reforma a la ley de telecomunicaciones; los ajustes a la ley de ejercicio del periodismo; los “delitos mediáticos” inventados por el Ministerio Público, y la eventual intervención de la Internet , configuran la embestida final contra la libertad de expresión. Ese y no otro es el remate del proyecto totalitario. Como siempre sobran explicaciones y pretextos para estas medidas. Se alegará que algunas estaciones están al margen de la ley; que es necesario estimular el periodismo comunitario, y cualquier acusación contra empresarios o periodistas críticos del régimen, se presentarán como justificación para consumar la liquidación de un derecho humano fundamental.
Pero todo ello oculta la decisión de cerrar el anillo de la dominación totalitaria. Con los poderes públicos en el puño de Chávez; con unas fuerzas armadas que no responden al “interés supremo de la patria” y que rezan el catecismo fidelista; con un aparato productivo en proceso de destrucción y una población sometida a todas las formas de inhibición social, habría llegado la hora de apagar la luz de la disidencia democrática. Hasta ahora existían sectores de la oposición organizada que argumentaban que ello no era posible. Se apelaba a la cultura democrática de los venezolanos y se hizo común la frase de que “Venezuela no es Cuba”. Por supuesto, que Venezuela tiene una tradición democrática vigorosa y que nunca existen semejanzas automáticas entre dos países. Pero modelos como el que se construye en el país se han cultivado en suelos fértiles para la democracia. Nada en común tenía Cuba con la Unión Soviética cuando Fidel Castro la alineó al mundo comunista. Se podría aducir que fue consecuencia de la Guerra Fría. Es verdad. ¿Pero acaso las ideas del comunismo eran mayoritarias en la sociedad cubana? ¿Qué tenía en común la frialdad moscovita con el guaguancó cultural del Caribe?
Tampoco puede alegarse una suerte de apatía genética del pueblo venezolano. El proyecto chavista ha tardado diez años en arropar totalmente a la sociedad porque ha existido un rechazo sostenido a las formas del totalitarismo. Pero ha faltado por factores opositores una comprensión lúcida de este fenómeno y en consecuencia de las respuestas que éste exige. Serán los hechos, con su fuerza irrefrenable, los que terminen por presionar estrategias correctas y finalmente victoriosas. La insurgencia civil de Curiepe al toque de tambor, es una enseñanza para quienes todavía creen que la política es sólo cuestión del espectáculo mediático.
No hay comentarios:
Publicar un comentario