jueves, 8 de septiembre de 2011

LA CUERDA FLOJA

SEMANA EN TRES ACTOS

LA CUERDA FLOJA
16/10/2009
MANUEL FELIPE SIERRA

La situación de los presos políticos le causa un enorme “ruido” a las relaciones internacionales del régimen. ¿Cómo explicarse el escándalo provocado por algunas detenciones (en el marco de la violencia callejera) y por la suspensión de dos emisoras en Honduras; mientras en Venezuela decenas de prisioneros políticos vegetan en las cárceles y centenares de emisoras y televisoras están o estarán fuera del aire por disposición oficial? La reciente resolución del Senado de España antecedida por una declaración similar del foro “Democracia y Libertad en el mundo multipolar” celebrado en Praga sobre la persecución política venezolana son hechos sumamente reveladores.


Si la libertad condicional acordada al estudiante Julio César Rivas, al general Wilfredo Barroso y al vicealmirante José Millán Millán buscaba producir la sensación de una flexibilización en esta materia, los resultados fueron otros. Salvo que con ello se buscara ampliar el beneficio también a Lina Ron. En cambio al periodista Gustavo Azócar, al prefecto de Caracas Richard Blanco, a los once empleados de la Alcaldía Metropolitana y al empresario Eligio Cedeño le fueron ratificadas las privativas de libertad. Si bien las primeras medidas servían para lavarle la cara al régimen en el ambiente que actualmente se vive en el país  (hay que recordar que incluso las dictaduras más crueles apelan el recurso de las amnistías), en este caso podría considerarse más bien como una señal de debilidad.

La razón es sencilla: Chávez está obligado a dar pasos cada vez más firmes para consolidar su modelo totalitario. En busca de este objetivo la represión es un ingrediente indispensable no sólo para reducir y castigar a los adversarios, sino para estimular el miedo y la inhibición social. ¿Qué ocurriría si la situación de Guayana y la Costa Oriental del Lago por ejemplo se extiende al resto de la nación? La creciente inconformidad y conflictividad que se vive a nivel nacional, generada por la ineficiencia y el fracaso de las políticas públicas no ha logrado hasta ahora conexión con la protesta política. No obstante, ello podría ocurrir en cualquier momento. En ese escenario no es que se apueste el derrumbamiento automático del modelo, pero sí éste se vería obligado a despojarse de la careta seudodemocrática que hasta ahora le ha permitido ocultar sus verdaderas intenciones. Si ello llegare a ocurrir, el régimen no podría seguir jugando en la cuerda floja ante la comunidad internacional. Como se sabe, para los regímenes de esta naturaleza la manera como son vistos en el exterior es en algunos casos, mucho más importante que lo que de ellos se conozca y se padezca en la propia casa.



“Yo lo vi llorar”

“Yo lo vi llorar”, es el título del libro que contiene las confesiones del capitán Otto Gebauer, prisionero en Ramo Verde al profesor e historiador Agustín Blanco Muñoz. El texto contiene revelaciones inéditas y verdaderamente sensacionales sobre lo ocurrido durante el breve cautiverio de Chávez en la isla de La Orchila. Esta es la razón por la cual el volumen ha tenido dificultades de distribución. Es el último trabajo de la serie de entrevistas documentales con las cuales Blanco Muñoz ha venido recreando (sin menoscabo del rigor académico) la reciente historia política venezolana. 



El apagón

El colapso de la industria eléctrica es más grave de lo que se presumía. Los apagones se extienden a todo el país. Las autoridades anuncian un severo racionamiento eléctrico nacional. En el alto gobierno existe alarma y preocupación. Las inversiones que debieron hacerse no se hicieron. La cuantía de ellas ahora sobrepasa las disponibilidades fiscales. Pero aún siendo satisfechas el resultado de tales inversiones se verá en el mediano o largo plazo. Es decir, el país se encamina literalmente a un período “de tinieblas y profunda oscuridad”. 

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