SEMANA EN TRES ACTOS
MATRIMONIO MEDIEVAL
30/10/2009
MANUEL FELIPE SIERRA
Lula le trajo a Chávez la buena noticia de que se ha despejado el camino para que el senado brasileño apruebe el ingreso de Venezuela al MERCOSUR. Después de varios años se habría satisfecho una aspiración del régimen. En teoría, nadie se opone a una iniciativa en materia de integración que signifique impulso al intercambio comercial. Pero para Chávez el objetivo es otro. Una vez que de manera unilateral y desafiando la racionalidad económica y geográfica, se dinamitó la relación con la Comunidad Andina de Naciones y se sembró de escollos insalvables la vinculación comercial con Colombia, Chávez tendió la mirada hacia el sur en una estrategia esencialmente política. Se trata simplemente de fortalecer una alianza política sobre bases económicas objetivamente desfavorables al país, con el Brasil de Lula y la Argentina de la pareja Kirchner.
En esencia MERCOSUR es un mecanismo comercial que procura elevar la presencia de estos países en el escenario suramericano, y en consecuencia en el ámbito continental de cara a los Estados Unidos. Es decir, darle legitimidad al peso geopolítico de ambas naciones. Pero no así en el plano estrictamente económico. En un reciente artículo el expresidente uruguayo Julio María Sanguinetti reflejaba los obstáculos estructurales propios de un ensayo de complementación comercial donde son abultadas las asimetrías de Brasil con Paraguay o de Argentina con Uruguay para hablar de los cuatro socios actuales.
¿Cómo queda Venezuela en las praderas económicas de la economía sureña? Por supuesto, existe un espacio por la vía de las fortalezas energéticas nacionales que se reflejan en las importaciones venezolanas desde hace varios años y que se han reforzado mediante negociaciones y acuerdos en el decenio chavista. La capacidad exportadora venezolana que es esencial para establecer corrientes fluidas de comercialización está condicionada, sin embargo, por un modelo económico que privilegia las importaciones y la injerencia del Estado en el manejo de toda la actividad económica.
MERCOSUR, como secuela de la dura experiencia de los regímenes militares que gobernaron el Cono Sur, nació afirmando los valores democráticos. Ello explica que junto a las facilidades arancelarias, económicas, comerciales y tecnológicas se establezca también un marco de identificación política común. Justamente esta última previsión del protocolo ha operado para retrasar el ingreso venezolano. Pero una vez que éste se materialice habría que preguntarse: ¿Está Chávez dispuesto a abandonar su proyecto totalitario para mantener una permanencia de alguna manera simbólica, en un proceso de integración que no le es propio? De allí que es cuando menos un error asignarle al tema una trascendencia que en estricto sentido no tiene. Incluso en el plano económico las reservas son también válidas. El economista del IESA José Manuel Puente explicaba que el ingreso al MERCOSUR “no tiene que ver con patrones de comercio; la relación entre Venezuela y Brasil es como un matrimonio medieval, porque Venezuela primero se casó sin conocer a la novia, es decir, se metió en el negocio sin saber si podía competir”.
DEBER CUMPLIDO
Roberto Micheletti cumplió con su deber. Fue designado por el Congreso Nacional hondureño para llenar el vacío provocado por la salida de Manuel Zelaya. Le tocó una provisionalidad difícil y complicada. Fue acusado prematuramente de golpista, su país fue sometido a una inusual presión económica y al aislamiento internacional. Desde el exterior se estimuló un cuadro de violencia que hacía casi imposible su gestión. Ahora cuando después de cuatro meses se perfila un acuerdo para el reestablecimiento de la vía democrática, Micheletti pone su cargo de nuevo a la orden del mismo Congreso Nacional. Un ejemplo que cuando menos merece el reconocimiento de los demócratas del mundo.
“HÁBLAME DE LA HABANA ”
Fausto Masó es conocido como columnista y analista político. Ya antes había incursionado en la narrativa con una novela sobre la vida caraqueña en los años 60 y un con junto de relatos sobre la bohemia de Sabana Grande. Pero ahora viene en serio. “Háblame de La Habana ” es el título de la novela que da a conocer y en la cual recrea los años inmediatamente posteriores al triunfo de la revolución cubana. Un texto con swing habanero y por supuesto, con notorios ángulos autobiográficos. La obra tiene el sello de “Libros Marcados”.
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