SEMANA EN TRES ACTOS
PODER, PODER
04/09/2009
MANUEL FELIPE SIERRA
Cuando Hitler daba sus primeros pasos y organizaba las brigadas nazis en Munich, el gobierno norteamericano envió un emisario para constatar hasta dónde aquel extravagante personaje representaba un peligro para Alemania. Cuenta John Toland en su excelente biografía del Führer, que en el primer encuentro el diplomático le preguntó sobre las líneas de su programa político. Hitler guardó silencio, lo vió de arriba abajo y exclamó con furia: “el poder, el poder”. Y más allá de su ideario programático la verdadera esencia del nazismo fue la posesión salvaje del poder sin reparar en cuestión de tiempo.
La revolución bolchevique nació con las bases teóricas del marxismo-leninismo pero su sobrevivencia en verdad fue obra del ejercicio brutal y despótico del poder por Stalin. Lenin decía que no existe en la experiencia histórica una sola revolución que no haya conducido a un mayor control del Estado. Por supuesto, en la visión totalitaria, el Estado es encarnado por el autócrata, el caudillo o el gobernante omnímodo.
Esta semana Muammar el Gadafi celebró 40 años con Argelia bajo su férula. En ese trayecto ha marchado en zigzag. Promotor del terrorismo un tiempo; admirador de la revolución nasserista de Egipto; inventor de la versión islámica del “Libro Verde”, ha manipulado a su antojo las crisis energéticas para afianzar su proyecto. Ahora es aliado de Europa y de los propios Estados Unidos, un país que durante el gobierno de Reagan bombardeó la residencia presidencial en Trípoli y le dio muerte a una hija adoptiva. Su capacidad para cambiar de piel y adaptarse a las circunstancias explica finalmente la prolongación de su mandato. En la misma línea podría hacerse una radiografía de los 50 años del reinado fidelista en Cuba.
Chávez en Libia aseguró que “la revolución bolivariana será perenne”. No es la primera vez que lo dice. Es verdad que en estos tiempos la afirmación más que temeraria parece delirante. Pero la historia enseña que cuando existe la voluntad de mantenerse en el poder a prueba de contingencias y dificultades, los ropajes ideológicos pasan a tener un valor secundario. Si la oposición venezolana no es capaz de comprender que la permanencia de Chávez en el poder es la verdadera y única razón de ser del llamado “proceso”, “revolución bolivariana” o “socialismo del siglo XXI”, etc., podría repetir las frustraciones y desengaños de las oposiciones alemanas, rusas, libias, cubanas -y pare usted de contar-.
“NO MÁS CHÁVEZ”
La protesta “No más Chávez” que se reprodujo en decenas de naciones en el mundo puso en evidencia el inmenso poder de las nuevas herramientas digitales. Ya no se concibe las naciones-islas, los espacios incontaminados, en un mundo de creciente universalización. Sin duda, Chávez se ha convertido en la figura de proyección internacional más significativa de América Latina. En este sentido llena el vacío que dejó Fidel Castro en el continente. Habría que ver hasta dónde la sociedad democrática venezolana asimila esta enseñanza y es capaz de afinar protestas y movilizaciones con la contundencia y los resultados de esta acción promovida por un grupo de jóvenes colombianos, cuya experiencia en esta materia, más que comprobada, es universalmente reconocida.
JUANA SUJO
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